Marco regulatorio de pagos digitales para 2026

Tabla de contenidos


  • Banxico publicó en el DOF nuevos montos para cuentas de depósito niveles 1, 2, 2 bis (nueva), 3 y 4.
  • Nace la cuenta nivel 2 bis: hasta 15 mil Udis, enfocada en micro y pequeñas empresas y con tope a efectivo.
  • En nivel 1, transferencias (SPEI/CoDi/DiMo) podrán asociarse al número móvil (10 dígitos), sin CLABE.
  • Habrá lineamientos para homologar la experiencia de transferencias en apps; el plazo de adaptación vence el 14 de diciembre de 2026.

Nuevos montos de cuentas de depósito

El cambio regulatorio que marca el calendario de pagos digitales hacia 2026 ya está en blanco y negro: el Banco de México publicó en el DOF los nuevos montos para cuentas de depósito a la vista en sus niveles 1, 2, 2 bis (la nueva), 3 y 4. Para quienes operan una PyME —y especialmente para microempresas que viven entre cobros, pagos y conciliaciones— esto no es un ajuste “técnico”: es una redefinición de cuánto puede moverse dentro de productos de entrada al sistema financiero formal, y bajo qué condiciones.

Nivel de cuenta Tope mensual (UDIS) Equivalencia aproximada en pesos (referencial) Condición/nota operativa clave
Nivel 1 750 UDIS (con máximo de 1,000 UDIS) Depende del valor de la UDI Cuenta de entrada con límites bajos y fricción reducida de apertura.
Nivel 2 6,000 UDIS (antes 3,000) Depende del valor de la UDI Mantiene requisito: que la diferencia de depósitos provenga de programas sociales.
Nivel 2 bis (nuevo) 15,000 UDIS “Límite aproximado de 135 mil pesos” / “unos 138 mil pesos al mes” Diseñada para micro y pequeñas empresas; empuja operación digital.
Nivel 3 (No detallado en este texto) Banxico publicó montos para niveles 3 y 4, pero aquí no se desglosan.
Nivel 4 (No detallado en este texto) Banxico publicó montos para niveles 3 y 4, pero aquí no se desglosan.

El punto más visible es la creación de la cuenta nivel 2 bis, con un monto de 15 mil Udis. Se traduce como un límite aproximado de 135 mil pesos, y también se menciona como “unos 138 mil pesos al mes” en capacidad de depósitos. Más allá de la cifra exacta en pesos (que depende del valor de la Udi), el mensaje operativo es claro: se abre un escalón intermedio para permitir mayor volumen transaccional sin exigir, de entrada, el mismo paquete de requisitos que suele frenar el onboarding (alta) digital.

En paralelo, se actualiza el nivel 2: pasa de 3 mil a 6 mil Udis. Este ajuste importa porque el nivel 2, por diseño, está amarrado a una condición específica: que la diferencia de depósitos provenga de programas sociales. Es decir, no es un “nivel 2 para cualquiera”, sino un nivel con una lógica de origen de fondos acotada.

En el nivel 1, el marco mantiene la lógica de montos de apertura y límites de depósito mensual expresados en Udis: se menciona un saldo del depósito mensual de 750 Udis, con un máximo de mil Udis, sin más requisitos de apertura. Para el usuario final, esto se traduce en cuentas de entrada con límites bajos, pero con fricción reducida para abrirse y empezar a operar.

Desde la perspectiva de pagos digitales, estos montos no son un detalle: determinan si una microempresa puede cobrar y pagar dentro del sistema sin “rebotar” por límites, y si puede migrar parte de su operación fuera del efectivo. En la práctica, la regulación está empujando a que el crecimiento transaccional ocurra dentro de rieles digitales (SPEI, CoDi, DiMo) y con trazabilidad, en lugar de depender de depósitos en efectivo.

Para una PyME, la lectura inmediata es de planeación: si hoy operas con una cuenta de bajo nivel por facilidad de apertura, pero tu volumen mensual ya se acerca a los topes, el nuevo mapa de niveles (incluida la 2 bis) puede cambiar tu estrategia de bancarización y de cobranza. No es “abrir por abrir”: es elegir el nivel que te permita operar sin interrupciones, con el menor costo operativo posible y con reglas claras sobre depósitos, especialmente en efectivo.

Características de la cuenta de nivel 2 bis

La pieza central del nuevo marco es la cuenta de nivel 2 bis. Banxico la incorpora como un nivel adicional dentro de las cuentas de depósito a la vista, con un objetivo explícito: atender a micro y pequeñas empresas, y hacerlo de forma compatible con pagos digitales y formalización económica.

Su parámetro más citado es el monto: permite depósitos de hasta 15 mil Udis al mes. En términos operativos, esto coloca a la 2 bis por encima del nivel 2 (6 mil Udis) y muy por encima del nivel 1 (750 Udis de depósito mensual, con máximo de mil Udis), ofreciendo un rango más realista para negocios pequeños que ya venden de forma constante, pero que todavía no quieren —o no pueden— completar procesos de identificación más pesados.

Mayor capacidad con fricción baja

  • Qué permite: operar con un tope mensual de hasta 15 mil UDIS, pensado para micro y pequeñas empresas que ya tienen flujo constante.
  • Qué limita: los depósitos en efectivo quedan topados a 3 mil UDIS (mencionado como alrededor de 26 mil pesos), para empujar que el volumen se mueva por rieles digitales.
  • Para quién aplica (en la práctica): negocios que cobran/pagan por transferencia (SPEI) y/o usan CoDi/DiMo, y que necesitan más capacidad que N1 sin “subirse” de golpe a procesos más pesados.
  • Qué cambia en el onboarding: al ser un nivel “bis”, se anticipa que requiere publicación de cambios de requisitos (Hacienda) y adecuaciones a disposiciones ligadas al artículo 115 de la Ley de Instituciones de Crédito; la promesa operativa es mantener apertura digital con fricción baja.

Ahora bien, la 2 bis no es una “cuenta sin reglas”. Trae un candado diseñado para orientar el comportamiento hacia lo digital: los depósitos en efectivo quedan topados a 3 mil Udis (mencionado como alrededor de 26 mil pesos). Este límite es clave porque define el incentivo: puedes operar con un volumen mensual alto, pero no vía efectivo. La intención declarada es que estas cuentas sean “realmente promoventes de pagos digitales” y de formalización.

Otro elemento relevante es el enfoque en fricción de apertura. Se anticipa que, por ser un nuevo nivel (“bis”), requiere que se publiquen cambios en requisitos para la apertura, vinculados a adecuaciones a las “Disposiciones de carácter general a que se refiere el artículo 115 de la Ley de Instituciones de Crédito”. En otras palabras: para que la 2 bis exista plenamente en el mercado, no basta con el anuncio de montos; hace falta que Hacienda publique el cambio de requisitos y que se ajusten disposiciones de prevención (identificación y conocimiento del cliente) aplicables a este tipo de cuentas.

En ese mismo paquete aparece un punto que, para microempresarios, puede ser determinante: se plantea que estas cuentas estén exentas de la entrega del RFC. El texto lo describe como uno de los elementos que inhibe bancarizar a los microempresarios, muchos de ellos personas físicas con actividad empresarial. Si esta exención se materializa como parte de los requisitos de apertura, el efecto sería reducir un obstáculo documental que, en la práctica, frena la adopción de cuentas formales y, por extensión, el uso de pagos digitales.

También hay una lectura de “onboarding” (alta) digital: se sugiere que podrían mantenerse requisitos mínimos de identificación para abrir la cuenta sin necesidad de acudir a sucursal. Para una PyME pequeña, esto no es comodidad: es tiempo y costo. Menos visitas físicas y menos fricción documental suelen traducirse en mayor velocidad para empezar a cobrar por transferencia, pagar proveedores y separar flujos del negocio.

En Lady Factoraje vemos aquí un mensaje doble: por un lado, el regulador abre capacidad transaccional para micro y pequeñas empresas; por el otro, condiciona esa capacidad a que el dinero se mueva por canales trazables. Si tu operación hoy depende de efectivo para “cuadrar” semana a semana, la 2 bis te empuja a rediseñar: cobrar más por transferencia, usar CoDi/DiMo cuando aplique y profesionalizar conciliación.

Modificaciones en cuentas de nivel 1

El ajuste más práctico —y probablemente el más visible para el usuario final— ocurre en las cuentas de nivel 1 cuando hablamos de transferencias electrónicas. Para SPEI y pagos con CoDi y DiMo, las cuentas N1 ya no requerirán asociarse a la CLABE o al número de cuenta, sino únicamente a los 10 dígitos del número móvil registrado por el usuario.

CLABE o móvil: consideraciones clave
CLABE / número de cuenta vs. número móvil (10 dígitos) en N1

  • A favor del número móvil: más fácil de compartir y capturar; reduce fricción en cobro/pago rápido; puede disminuir errores de tecleo y acelerar pagos recurrentes.
  • Riesgos/limitaciones a cuidar: el número móvil se vuelve un “identificador operativo”; si cambia (línea, chip, portabilidad, baja), hay que actualizarlo con clientes/proveedores y en procesos internos para evitar pagos a un destino equivocado.
  • Controles prácticos para PyMEs: definir quién administra la línea asociada a cobros; documentar el cambio de número (fecha, responsable, comunicación a clientes); y reforzar conciliación (referencias/folios) para rastrear pagos cuando el identificador sea el móvil.

Este cambio, aunque suene pequeño, ataca un punto de fricción real: la complejidad de compartir CLABE, capturarla sin errores y conciliarla. En el día a día de una microempresa o PyME, la diferencia entre “pásame tu CLABE” y “pásame tu número” puede ser la diferencia entre cerrar un cobro hoy o patearlo. También reduce errores operativos (dígitos mal capturados) y acelera pagos recurrentes.

El texto hace una precisión importante: la publicación de Banxico en el DOF especifica que la regla aplica para bancos y sofomes vinculadas con bancos. Es decir, el alcance formal, tal como se describe, no necesariamente cubre a todos los jugadores que hoy ofrecen experiencias tipo billetera o cuentas de captación “ligera”.

Y aquí aparece una discusión de fondo: se plantea que, sinceramente, debería aplicar para sofipos, socaps e IFPEs. La razón no es ideológica; es operativa: lograr un tratamiento homogéneo del sistema de captación y una mejor trazabilidad. En un ecosistema donde el usuario final no distingue con claridad si su “cuenta” vive en un banco, una sofipo o una billetera con tarjeta asociada, la heterogeneidad regulatoria se vuelve confusión, y la confusión se vuelve fricción (y la fricción, efectivo).

Para las PyMEs, la implicación es de adopción y de procesos internos. Si tus clientes o pagadores pueden enviarte dinero con un identificador más simple (número móvil), puedes reducir tiempos de cobranza y mejorar la experiencia de pago. Pero también hay que pensar en controles: si el identificador principal es un número móvil, tu empresa debe cuidar la administración de ese número como un activo operativo (quién lo controla, qué pasa si cambia el chip, cómo se documenta el cambio ante clientes y proveedores).

Además, este cambio se alinea con el objetivo de pagos instantáneos “simples, fáciles y eficientes”, que aparece en los lineamientos de homologación de experiencia de usuario. En conjunto, el mensaje es: menos fricción en el front (cómo se inicia un pago) y más exigencia en el back (seguridad, confiabilidad, trazabilidad).

En Lady Factoraje lo aterrizamos así: si cobras B2B y tu tesorería vive de la puntualidad, cualquier reducción de fricción en transferencias puede impactar tu ciclo de conversión de efectivo. No te cambia el plazo contractual de pago, pero sí puede reducir retrasos por “no encontré la CLABE” o “me equivoqué al capturar”.

Límites y requisitos de cuentas de nivel 2

El nivel 2 también se mueve, y vale la pena entenderlo sin confundirlo con la nueva 2 bis. La actualización es concreta: las cuentas de nivel 2 pasan de 3 mil a 6 mil Udis. En términos de capacidad, es un incremento relevante, pero viene con una condición que se mantiene: el requisito de que la diferencia de depósitos provenga de programas sociales.

Esa frase —“la diferencia de depósitos”— es importante porque sugiere que el nivel 2 no se concibe como una cuenta general para operación comercial libre, sino como un instrumento con un origen de fondos esperado y verificable. Para una PyME, esto implica que el nivel 2 no necesariamente es el camino natural para operar ventas y pagos del negocio, salvo que el perfil del usuario y el origen de fondos encajen con esa lógica.

Elige el nivel adecuado
Checklist rápido: ¿N2 o N2 bis para tu operación?

  • Origen de fondos: ¿tu flujo mensual está ligado a programas sociales (condición explícita de N2) o a ventas/cobranza del negocio (más alineado con N2 bis)?
  • Volumen mensual: ¿tu operación se acerca o supera 6 mil UDIS/mes? Si sí, N2 bis puede evitar “topes” frecuentes.
  • Dependencia de efectivo: ¿depositas en efectivo más de 3 mil UDIS/mes? Si sí, el tope de N2 bis te obligará a migrar cobros a transferencia/CoDi/DiMo.
  • Necesidad de trazabilidad: ¿necesitas rastrear pagos para conciliación diaria (folios, referencias, confirmaciones)? Si sí, prioriza el nivel que mejor soporte operación digital.
  • Onboarding: ¿tu prioridad es abrir y operar sin ir a sucursal? Considera que N2 bis depende de que se publiquen requisitos de apertura asociados al nuevo nivel.

En contraste, la cuenta 2 bis se describe como dedicada a micro y pequeñas empresas, con un límite mensual mucho mayor (15 mil Udis) y con un diseño que busca empujar pagos digitales: tope a depósitos en efectivo (3 mil Udis). En la práctica, el regulador está segmentando: un nivel 2 con condición de programas sociales, y un nivel 2 bis para actividad económica de micro y pequeñas empresas, pero con restricciones que desincentivan el efectivo.

También hay un elemento transversal de requisitos de apertura. Para la 2 bis se anticipa la necesidad de adecuaciones a disposiciones ligadas al artículo 115 de la Ley de Instituciones de Crédito, y se menciona que Hacienda debe publicar el cambio de requisitos. Aunque el texto no detalla requisitos específicos para nivel 2, sí deja claro que los niveles y sus montos están atados a reglas de identificación y onboarding.

Para el operador de PyME, la decisión no es “qué nivel suena mejor”, sino qué nivel es compatible con tu flujo real:

  • Si tu operación depende de efectivo para depositar la mayor parte de tus ingresos, la 2 bis te va a limitar (3 mil Udis en efectivo).
  • Si tu operación puede migrar a transferencias y cobros digitales, la 2 bis te da un rango mensual más útil.
  • Si tu perfil está ligado a programas sociales (por ejemplo, ciertos esquemas de dispersión), el nivel 2 mantiene su lógica, ahora con mayor capacidad.

Hay otro punto que no conviene perder: el texto menciona que las cuentas, en general, mantienen los mismos montos de apertura. Esto sugiere continuidad en el “arranque” (abrir la cuenta), mientras el ajuste fuerte está en los límites de depósitos mensuales y en la arquitectura de niveles.

En Lady Factoraje solemos decirlo así: los límites no son un tema bancario; son un tema de operación. Si te topas con límites, tu cobranza se fragmenta, tu conciliación se complica y tu control de flujo se vuelve más frágil. Por eso, entender el nivel 2 (y su condición) versus el 2 bis (y su tope a efectivo) es parte de profesionalizar tesorería, incluso en empresas pequeñas.

Plazo para adaptación de plataformas tecnológicas

El marco no se queda en montos y niveles. También entra al terreno donde se gana o se pierde la adopción: la experiencia del usuario en transferencias electrónicas. Se publicaron lineamientos para homologar esa experiencia en todas las apps móviles para realizar pagos digitales entre bancos y, en general, todos los participantes indirectos o directos del SPEI, incluyendo fintech.

Aquí el objetivo declarado es ambicioso pero necesario: que el pago instantáneo sea simple, fácil y eficiente, y que cumpla con requisitos de confiabilidad, seguridad y trazabilidad “que la tecnología permite”. En otras palabras, no basta con que el pago “salga”; debe salir bien, con estándares consistentes y con capacidad de rastreo y control.

El dato operativo más importante para el ecosistema es el plazo: 14 de diciembre de 2026. Se describe como “lo suficientemente amplio” para que los participantes adapten plataformas y sistemas tecnológicos. Para bancos grandes, esto es un proyecto de cumplimiento y producto. Para fintech y participantes indirectos, puede ser un reto de priorización: desarrollo, pruebas, seguridad, y coordinación con rieles de pago.

Ruta por fases hacia 2026
Ruta práctica (por fases) para llegar al 14-dic-2026
1) Diagnóstico (ahora): inventario de flujos de transferencia en app (alta, envío, confirmación, rastreo, devoluciones) y brechas vs. lineamientos.
2) Diseño y desarrollo: ajustes de UX y de mensajería de estados (enviado/recibido/rechazado), y mapeo de datos mínimos para trazabilidad.
3) Pruebas: pruebas funcionales (casos límite), pruebas de interoperabilidad (entre instituciones) y pruebas de carga (picos de operación).
4) Seguridad y continuidad: revisión de controles, monitoreo, alertas y planes de contingencia para evitar regresión a efectivo por fallas.
5) Despliegue y seguimiento: liberación gradual, medición de errores/rechazos, y ajustes rápidos antes de la fecha límite.
Checkpoint clave: si no puedes explicar “qué pasó con el pago” (estado + folio + tiempo + causa de rechazo) en soporte al cliente, la homologación no está completa.

Para una PyME, aunque no desarrolla tecnología financiera, este plazo sí importa por dos razones:

1) Calidad de la experiencia de cobro y pago. Si las apps convergen en una experiencia homologada, se reducen errores, confusiones y fricciones entre instituciones. Eso puede traducirse en menos “te pagué pero no sé si llegó” y más certeza en tesorería.

2) Confiabilidad y trazabilidad. Cuando el regulador pone la trazabilidad como requisito explícito, está elevando el estándar de evidencia: qué pasó con el pago, cuándo, por qué se rechazó, cómo se rastrea. Para empresas que viven de conciliación diaria, esto es oro operativo.

El texto también deja una lectura política-técnica: si un participante no llega al plazo, “es que no quieren”. Más allá del tono, el mensaje es que la autoridad espera cumplimiento real, no excusas. Y eso suele acelerar inversiones en infraestructura, seguridad y continuidad operativa.

En Lady Factoraje lo conectamos con una pregunta práctica: ¿tu empresa está lista para operar en un entorno donde el pago instantáneo y trazable sea la norma? Eso implica procesos internos: referencias de pago claras, conciliación más frecuente, y disciplina para separar pagos personales de pagos del negocio. La regulación empuja al sistema; la PyME tiene que empujar su propia operación para aprovecharlo.

Marco Regulatorio de Pagos Digitales en 2026: Implicaciones para las PyMEs

Transformaciones Clave en el Ecosistema de Pagos Digitales

Impacto diario en PyMEs
Qué cambia para una PyME (en el día a día)

  • Cobranza: con más capacidad (N2 bis) y menos fricción (número móvil), es más viable pedir pagos por transferencia sin “perder” al cliente en el intento.
  • Conciliación: la homologación de experiencia y el énfasis en trazabilidad apuntan a menos ambigüedad en estados de pago (útil para cierres diarios y seguimiento de cuentas por cobrar).
  • Uso de efectivo: el tope de efectivo en N2 bis obliga a rediseñar hábitos (más cobro digital, menos depósito en ventanilla), lo que puede mejorar control interno pero exige disciplina operativa.
  • Formalización: si se materializa la exención de RFC en la apertura de 2 bis, se reduce un freno documental para microempresarios; el incentivo se mueve hacia operar dentro de rieles digitales.

Vemos tres transformaciones que, juntas, reordenan el tablero para micro y pequeñas empresas en México:

  • Más capacidad transaccional con segmentación: el salto del nivel 2 (a 6 mil Udis) y la creación del 2 bis (15 mil Udis) amplían el rango de operación, pero con reglas distintas según el objetivo del producto (programas sociales vs. actividad económica).
  • Menos fricción en transferencias: asociar pagos a un número móvil (10 dígitos)

Este texto se basa en información públicamente disponible al momento de su redacción sobre cambios regulatorios y operativos para cuentas de depósito y transferencias en México con horizonte 2026. Las equivalencias UDI a pesos son referenciales y pueden variar conforme cambie el valor de la UDI. Los requisitos definitivos de apertura para la cuenta 2 bis quedan sujetos a futuras publicaciones de la autoridad y podrían ajustarse.

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