Tabla de contenidos
- 1. Barreras financieras limitan digitalización de PyMEs en México
- 2. Barreras para la adopción de servicios financieros digitales en PyMEs
- 3. Cambio en el enfoque del sector financiero
- 4. Preferencia por el efectivo y su impacto en la digitalización
- 5. Costos de transacciones y su efecto en la decisión de los comerciantes
- 6. Innovación y simplificación en el sector financiero
- 7. Evaluación del comportamiento crediticio basado en transacciones
- 8. Diseño de ofertas especializadas para PyMEs
- 9. Finanzas digitales para PyMEs en México: un camino hacia la inclusión y la eficiencia
- 9.1 Desafíos actuales en la adopción de servicios financieros digitales
- 9.2 Oportunidades para la transformación digital en las PyMEs
Barreras financieras limitan digitalización de PyMEs en México
- La preferencia por el efectivo y el temor a las comisiones frenan la adopción de finanzas digitales en PyMEs, según Forbes México y el especialista Norman Hagemeister Rey.
- El reto ya no es “abrir una cuenta”, sino usarla todos los días en la operación, de acuerdo con Hagemeister Rey.
- Concanaco Servytur reporta descuentos promedio de 2.94% (crédito) y 2.77% (débito) por transacción; en algunos casos, hasta 5.39%.
- AMVO reporta expansión de infraestructura (6.8 millones de terminales POS a junio de 2024) y mayor uso de SPEI (+40% en 2023).
Alcance y fuentes: Este análisis se basa en lo reportado por Forbes México (a partir de declaraciones de Norman Hagemeister Rey) y en cifras citadas de Concanaco Servytur, AMVO, el Observatorio de Facephi, Xepelin, IFT y Scotiabank, tal como se referencian a lo largo del texto.
Barreras para la adopción de servicios financieros digitales en PyMEs
En México, el freno principal para que una PyME use servicios financieros digitales no siempre es la falta de oferta, sino la falta de adopción real en el día a día. Norman Hagemeister Rey, especialista en innovación financiera y transformación digital, lo resume así en Forbes México: después de años de trabajo, el país ha avanzado en el acceso —abrir una cuenta digital es relativamente fácil—, pero el problema ahora es usar esas herramientas de forma consistente en la operación.
Hagemeister Rey identifica dos barreras dominantes: la preferencia por el efectivo y el temor a las comisiones, según Forbes México. La primera es cultural y operativa: muchos dueños sienten que el efectivo les da control inmediato, sin intermediarios. La segunda es económica: si aceptar pagos digitales reduce el margen, la decisión se vuelve racional, no ideológica.
A estas barreras se suma un componente de capacidades. Forbes México apunta al desconocimiento de herramientas y a la falta de capacitación, que generan inseguridad ante un cambio cuyos beneficios no siempre se ven “desde el primer día”. En paralelo, Xepelin reporta que, aunque 94% de emprendedores usa tecnología a nivel básico, solo 6% es “proficiente” para maximizar su potencial de crecimiento (Xepelin, 2026). Esa brecha importa: una cosa es tener banca móvil; otra es conciliar, cobrar, pagar, financiarse y medir el negocio con datos.
También hay un límite del lado del mercado: no basta con que la PyME quiera cobrar digitalmente si el cliente no puede o no quiere pagar así. El Observatorio de Facephi reporta que solo 45.5% de las personas percibe que la mayoría de los lugares donde compra acepta pagos digitales por transferencia o tarjeta (Facephi Observatory, 2026). En otras palabras: la adopción es una cadena, y se rompe por el eslabón más débil.
Cambio en el enfoque del sector financiero
Si aceptamos el diagnóstico de Hagemeister Rey en Forbes México, el cambio de enfoque para el sector financiero es claro: pasar de “colocar herramientas” a diseñar incentivos para que se usen. Durante años, la conversación giró alrededor de acceso (cuentas, terminales, apps). Hoy, la pregunta operativa para una PyME es más dura: ¿me conviene migrar parte de mis cobros y pagos a digital si eso me cuesta comisiones, tiempo de conciliación o riesgo de contracargos?
La infraestructura, en muchos casos, ya está creciendo. La Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO) reporta que a junio de 2024 había más de 6.8 millones de terminales punto de venta (POS) instaladas en el país (AMVO, 2026). POS se refiere a las terminales físicas donde se procesan pagos con tarjeta en el punto de venta. Y el mismo organismo reporta que los pagos con tarjeta en POS crecieron 22% en 2024 vs. 2023 (AMVO, 2026). Es decir: hay más rieles para cobrar.
Del lado de transferencias, AMVO reporta que el uso de SPEI creció 40% en 2023, impulsado por integraciones móviles como DiMo, que permite transferir usando solo el número de celular (AMVO, 2026). SPEI es el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios, y DiMo es una funcionalidad para enviar transferencias usando el número de celular como identificador. Esto es relevante para PyMEs B2B y de servicios: SPEI puede ser un canal de cobro con costos distintos a los de tarjeta, dependiendo del esquema y del banco.
También hay un cambio por competencia. El Observatorio de Facephi documenta que el número de fintech en México pasó de 394 en 2019 a 650 en 2023, y que plataformas de crédito digital han acelerado evaluaciones con algoritmos (Facephi Observatory, 2026). El punto para la PyME no es “fintech vs banca”, sino que la presión competitiva debería empujar a mejores experiencias, menor fricción y productos más ajustados a ciclos de capital de trabajo.
En Lady Factoraje lo vemos así: el sector financiero ya no compite solo por abrir cuentas o “dar una app”; compite por integrarse a la operación real de la PyME (cobranza, pagos, conciliación, financiamiento) con costos que no destruyan margen.
Preferencia por el efectivo y su impacto en la digitalización
La preferencia por el efectivo no es un capricho: es una respuesta a cómo se vive la liquidez en una PyME. Forbes México recoge que muchos dueños perciben el efectivo como control y disponibilidad inmediata, sin intermediarios. En negocios con presión diaria de caja —nómina, proveedores, reposición de inventario—, la inmediatez pesa.
Los datos de uso en consumidores ayudan a entender por qué el efectivo sigue dominando. El Observatorio de Facephi, citando la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, reporta que 85.2% de los adultos usa efectivo para compras menores a 500 pesos (Facephi Observatory, 2026). En este texto, las cifras de ENIF se presentan a través de ese reporte del Observatorio de Facephi. Si el cliente paga en efectivo, el comercio tiende a operar en efectivo; y si opera en efectivo, su historial transaccional digital se vuelve más delgado, lo que puede limitar acceso a productos basados en datos.
Aquí aparece un círculo que conviene nombrar: efectivo → menos trazabilidad → menos evidencia digital de ventas → más difícil demostrar capacidad de pago → financiamiento más caro o inaccesible. Hagemeister Rey sugiere en Forbes México que una salida es usar la transaccionalidad real para evaluar crédito, incluso cuando no hay contabilidad formal. Pero para que eso funcione, la PyME necesita digitalizar al menos una parte de sus flujos.
La adopción, además, no es binaria. Muchas PyMEs operan en “modo mixto”: cobran algo en efectivo, algo por transferencia, algo con tarjeta. La pregunta práctica hacia 2026 es qué parte del flujo conviene migrar primero y con qué objetivo: ¿reducir manejo de efectivo?, ¿vender más?, ¿acceder a crédito?, ¿ordenar conciliación?
AMVO también reporta que más de 50% de usuarios de teléfono móvil utiliza wallets digitales para pagos (AMVO, 2026; también citado por Facephi Observatory, 2026). Eso sugiere que el cliente está cambiando, aunque el efectivo siga siendo dominante. Para la PyME, el reto es capturar esa demanda sin que el costo la castigue.
Costos de transacciones y su efecto en la decisión de los comerciantes
Cuando hablamos de comisiones, conviene aterrizarlo: no es “miedo irracional”, es matemática. Un comparativo internacional presentado por la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur) reportó que cada transacción implicó un descuento promedio de 2.94% en tarjetas de crédito y 2.77% en tarjetas de débito para los negocios que aceptaron esos pagos; en algunos casos, las comisiones llegaron hasta 5.39% (Concanaco Servytur, citado por Forbes México).
Para una PyME con márgenes estrechos, un 2.77%–2.94% puede ser la diferencia entre ganar y perder en una venta, especialmente en comercio y distribución donde el margen bruto puede ser limitado. Hagemeister Rey lo plantea con claridad en Forbes México: mientras cobrar digitalmente sea más caro que cobrar en efectivo, el cálculo favorece al efectivo, aunque la tecnología esté disponible. No es que el comerciante “no entienda” las ventajas; es que las entiende y aun así los números no cierran.
Este punto tiene implicaciones operativas inmediatas:
- Estrategia de precios: si el costo de aceptación se come el margen, la PyME necesita decidir si lo absorbe, lo traslada o lo compensa con volumen.
- Mezcla de medios de pago: transferencias (SPEI) pueden ser una alternativa en ciertos contextos, y AMVO reporta crecimiento de SPEI (AMVO, 2026), aunque su conveniencia depende del tipo de cliente y del proceso de conciliación.
- Negociación y transparencia: el temor a “comisiones ocultas” aparece en Forbes México como parte del problema. La PyME necesita entender su costo total por cobrar, no solo la tasa anunciada.
En Lady Factoraje insistimos en una regla simple: antes de “digitalizar por digitalizar”, hay que mapear el margen por producto/servicio y simular el impacto del costo de cobro. Si el costo destruye el margen, la digitalización se vuelve un castigo, no una palanca.
Innovación y simplificación en el sector financiero
Hagemeister Rey propone en Forbes México una definición de innovación que vale oro para una PyME: innovar cobra sentido cuando simplifica la operación, no cuando solo agrega herramientas tecnológicas. En la práctica, esto significa menos pasos, menos fricción, menos tiempo de conciliación y menos incertidumbre sobre costos.
La expansión de infraestructura y canales es parte del contexto. AMVO reporta crecimiento de POS y de pagos con tarjeta (AMVO, 2026), y también un aumento de SPEI (AMVO, 2026). Pero la PyME no vive de “canales”; vive de procesos: cobrar, conciliar, pagar, financiar inventario o nómina, y sobrevivir a la estacionalidad.
En ese sentido, la simplificación también se conecta con capacidades internas. Xepelin reporta una brecha fuerte entre uso básico de tecnología y dominio para crecimiento (Xepelin, 2026). Si el equipo no sabe conciliar cobros digitales, gestionar contracargos o integrar reportes, la herramienta se vuelve carga administrativa.
El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) advierte que, conforme crecen las transacciones digitales, aumentan los riesgos de ciberseguridad y la necesidad de medidas robustas (IFT, 2024). Para una PyME, “simplificar” no puede significar “bajar la guardia”: debe significar procesos claros, controles mínimos y capacitación continua.
La innovación útil hacia 2026, vista desde la operación, se parece más a esto: productos que se integran con el flujo real del negocio, que explican costos de forma transparente y que reducen el tiempo entre vender y disponer del dinero. Si no hace eso, es tecnología sin impacto.
Evaluación del comportamiento crediticio basado en transacciones
Uno de los puntos más accionables que plantea Hagemeister Rey en Forbes México es usar la transaccionalidad real —lo que el negocio efectivamente vende y cobra— para evaluar comportamiento crediticio, en lugar de depender solo de estados financieros formales. En términos prácticos, esto se refiere a evidencias de cobro/venta registradas en canales formales (por ejemplo, cobros con tarjeta o transferencias) que permiten observar recurrencia y montos. La idea es potente porque reconoce una realidad: hay empresas que no llevan contabilidad completa, pero sí venden de forma constante.
El Observatorio de Facephi describe cómo plataformas de crédito digital han usado algoritmos para acelerar evaluaciones (Facephi Observatory, 2026). Más allá del proveedor, el concepto para la PyME es: si tus flujos están digitalizados (aunque sea parcialmente), puedes construir evidencia de desempeño. Eso puede abrir puertas a financiamiento que antes se cerraban por falta de historial tradicional.
Aquí hay un matiz importante: “basado en transacciones” no significa “sin disciplina”. Significa que el negocio debe poder demostrar regularidad y capacidad de cobro. Para muchas PyMEs B2B, esto se conecta con prácticas de cobranza: facturar a tiempo, documentar entregas, y tener claridad de plazos de pago. Para comercio, se conecta con registrar ventas y separar caja del dueño vs caja del negocio.
También hay un ángulo de liquidez. Scotiabank subraya la importancia de profesionalizar planeación financiera y monitoreo de flujo, y sugiere construir reservas de contingencia equivalentes a 3–6 meses de gastos fijos (Scotiabank, 2025). Si una PyME combina mejor visibilidad de flujo con evidencia transaccional, puede negociar mejor y tomar financiamiento con menos improvisación.
En Lady Factoraje lo traducimos a una pregunta concreta para el CFO o dueño: ¿qué parte de tus ventas ya deja rastro digital verificable y cómo la estás usando para mejorar tu acceso a capital?
Diseño de ofertas especializadas para PyMEs
La otra vía que destaca Hagemeister Rey en Forbes México es la especialización: diseñar ofertas por segmento para que cada empresa contrate solo lo que necesita, en lugar de paquetes “promedio” que no reflejan la realidad. Esto es clave porque “PyME” no es un solo tipo de negocio: no opera igual un distribuidor B2B que un restaurante, ni una empresa de servicios recurrentes que un taller con ventas variables.
La especialización puede verse en varios frentes, todos mencionados de forma consistente en el ecosistema que describen AMVO y Facephi: más rieles de pago, más wallets, más crédito digital, más modelos alternativos (AMVO, 2026; Facephi Observatory, 2026). Pero el valor para la PyME aparece cuando esos componentes se empaquetan con lógica operativa:
- Cobro digital que no castigue el margen (o que permita estrategias mixtas).
- Herramientas que reduzcan fricción de conciliación.
- Financiamiento alineado al ciclo de cobro/pago, no solo a “capacidad de endeudamiento” en papel.
Hagemeister Rey advierte en Forbes México que la conversación de innovación financiera no estará completa mientras las PyMEs sigan con opciones limitadas para necesidades de operación y crecimiento. Esa frase importa porque pone el foco donde duele: capital de trabajo, continuidad operativa y expansión.
Para 2026, el reto no es que existan más productos, sino que existan mejores encajes entre producto y operación. En Lady Factoraje creemos que esa especialización también exige educación: entender costos, comisiones, plazos y condiciones para no comprar “soluciones” que terminan siendo fricción.
Finanzas digitales para PyMEs en México: un camino hacia la inclusión y la eficiencia
Desafíos actuales en la adopción de servicios financieros digitales
Los desafíos están bien delimitados por las fuentes: preferencia por efectivo y temor a comisiones (Hagemeister Rey en Forbes México), costos de aceptación que pueden llegar a niveles altos (Concanaco Servytur, citado por Forbes México), brechas de habilidades digitales (Xepelin, 2026) y riesgos de ciberseguridad en un entorno más digital (IFT, 2024). Aunque la infraestructura crece (AMVO, 2026), la adopción depende de que el uso sea rentable y manejable.
Oportunidades para la transformación digital en las PyMEs
La oportunidad está en convertir la digitalización en palanca de operación: más opciones de cobro (AMVO, 2026), mayor uso de wallets (AMVO, 2026; Facephi Observatory, 2026) y modelos de evaluación crediticia más cercanos a la realidad del negocio (Hagemeister Rey en Forbes México; Facephi Observatory, 2026). Si la PyME logra digitalizar flujos clave, puede ganar trazabilidad, mejorar decisiones y ampliar alternativas de financiamiento.

