Tabla de contenidos
- 1. Pemex enfrenta deudas millonarias sin plan de pago
- 2. Deuda pendiente de Pemex con proveedores
- 3. Situación actual de las facturas no presentadas
- 4. Impacto de la deuda en el empleo en el sector petrolero
- 5. Evolución de la deuda total de Pemex
- 6. Resultados del sistema Onyx en la reducción de deudas
- 7. Proyecciones de deuda para 2026 y más allá
- 8. Análisis de la situación financiera de Pemex y su impacto en las PyMEs
Pemex enfrenta deudas millonarias sin plan de pago
- Según la Amespac, aún quedarían por cubrir cerca de 17,000 millones de dólares de trabajos de 2024 que Pemex no reconoce ni calendariza.
- La Amespac afirma que Pemex se ha “regularizado” en pagos 2025, pero no permite facturar servicios ejecutados en años previos.
- El Economista reporta que la deuda con proveedores fue de 374,334 millones de pesos al 30 de junio de 2026.
- La Amespac calcula más de 15,000 empleos perdidos en dos años por recortes de actividad en estados petroleros.
Deuda pendiente de Pemex con proveedores
La discusión sobre la deuda de Pemex con proveedores tiene dos capas que, en la práctica, se sienten muy distintas para una PyME (y también para una empresa grande de servicios petroleros): lo que Pemex reconoce y paga dentro de sus sistemas, y lo que los proveedores aseguran que ya trabajaron, pero que no han podido ni siquiera facturar.
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Empresas de Servicios Petroleros (Amespac), aunque el gobierno federal ha sostenido que se cubrió 95% de la deuda con proveedores, todavía quedarían alrededor de 17,000 millones de dólares pendientes correspondientes a 2024, sin reconocimiento ni programa de pagos. En entrevista citada por El Economista, el presidente de la Amespac, Rafael Espino de la Peña, explicó que el problema no es solo el saldo: es que “no se ha permitido facturar” parte de los trabajos ejecutados en 2024.
Ese matiz es crítico para entender por qué, aun cuando se anuncian avances, en campo persiste la tensión de liquidez. Según Espino de la Peña (vía El Economista), en el “universo” de 60 empresas que agrupa la Amespac —compañías relevantes de exploración, perforación y servicios— habría 28,000 millones de pesos de trabajos ejecutados en 2024 que no han podido facturarse. Y añade un cálculo: si ese universo representara aproximadamente 15% del total, el monto extrapolado sería de 320,000 a 340,000 millones de pesos, “casi 17,000 millones de dólares”.
Para dimensionar el tamaño del problema con una cifra corporativa, El Economista también reporta que la deuda a proveedores de Pemex se ubicó en 374,334 millones de pesos (equivalentes a 21,427 millones de dólares) al 30 de junio de 2026, con una disminución anual de 13.1%. Esa reducción, sin embargo, convive con la queja central de la Amespac: que hay trabajos que no entran al circuito de facturación y, por lo tanto, no aparecen como “deuda” en los reportes en el mismo sentido en que los proveedores la viven.
En Lady Factoraje vemos aquí un punto operativo: si un servicio ya se ejecutó, pero el cliente (en este caso Pemex) no habilita el proceso para presentar factura, el proveedor queda atrapado en el peor escenario de capital de trabajo: ya incurrió en costos, pero no tiene el documento cobrable que normalmente sirve para gestionar cobranza, negociar plazos o incluso acceder a financiamiento sobre cuentas por cobrar.
Situación actual de las facturas no presentadas
La frase “facturas no presentadas” puede sonar administrativa, pero en realidad describe un bloqueo financiero. Según Rafael Espino de la Peña, presidente de la Amespac, Pemex se ha regularizado en sus obligaciones de 2025, como ha afirmado la presidenta Claudia Sheinbaum, pero no está dando la opción de presentar facturas anteriores, particularmente de 2024, de acuerdo con lo publicado por El Economista.
En términos prácticos, esto significa que una parte del trabajo ejecutado queda en una zona gris: el proveedor sostiene que el servicio se prestó (con personal, equipo, logística, subcontratistas), pero no logra convertirlo en una cuenta por cobrar formal dentro del sistema del cliente. Y si no hay factura aceptada, no hay “ciclo de cobro” que administrar: hay un costo hundido que presiona nómina, impuestos, mantenimiento de activos y pagos a terceros.
La Amespac lo expresa con una crítica directa: “con este sistema que tiene Pemex ni siquiera nos permiten facturar. Entonces las cifras que se presentan pues no son reales”. Más allá del debate público, para el proveedor el impacto es inmediato: sin factura, no hay fecha de vencimiento; sin fecha de vencimiento, no hay estrategia de cobranza; y sin documento, se complica cualquier alternativa de liquidez basada en derechos de cobro.
También hay un efecto de planeación: si Pemex paga 2025 pero “cierra la puerta” a 2024, el proveedor no puede construir un calendario confiable de entradas de efectivo. Y cuando el flujo se vuelve incierto, lo primero que se recorta suele ser actividad operativa: menos turnos, menos mantenimiento, menos contratación, menos inversión en seguridad industrial.
En este punto conviene separar dos afirmaciones que coexisten en la nota de El Economista:
- Por un lado, el gobierno federal asegura avances (el 95% pagado, según lo referido en la entrevista).
- Por el otro, la Amespac sostiene que hay un bloque de trabajos de 2024 que no se reconoce y para los cuales no existe programa de pago.
Para una PyME que participa como subcontratista o proveedor indirecto, esta diferencia importa porque su riesgo no depende solo del saldo agregado de “deuda a proveedores”, sino de si su factura específica entra o no al circuito de validación y pago. En otras palabras: el problema no es únicamente “cuánto se debe”, sino “qué se deja facturar” y “qué se reconoce”.
Impacto de la deuda en el empleo en el sector petrolero
Cuando una empresa ancla como Pemex retrasa pagos o limita la facturación de trabajos ya ejecutados, el impacto se transmite por la cadena de suministro. La Amespac afirma que, por falta de pagos a servicios ya realizados, empresas en estados petroleros han reducido actividades y se han perdido más de 15,000 empleos en los últimos dos años, según la entrevista publicada por El Economista.
La asociación menciona específicamente afectaciones en Campeche, Tabasco, Veracruz, Tamaulipas y Chiapas, entidades donde la economía local suele tener una exposición alta a la actividad petrolera y de servicios asociados. En estos mercados, una reducción de operaciones no solo afecta a las compañías de perforación o mantenimiento: también golpea a transportistas, talleres, proveedores de refacciones, servicios de alimentación industrial, hospedaje, seguridad, y múltiples negocios B2B que viven del gasto operativo.
Desde la óptica de capital de trabajo, la pérdida de empleo suele ser un indicador tardío de un problema que empezó meses antes en tesorería. Primero se estiran plazos con proveedores; luego se difieren mantenimientos; después se congelan contrataciones; y finalmente llegan recortes. La cifra de 15,000 empleos que reporta la Amespac sugiere que el ajuste ya pasó por varias capas del ecosistema.
Hay otro elemento relevante: la Amespac agrupa a grandes prestadoras de servicios petroleros en México —Emerson y Cotemar, además de Schlumberger, Halliburton, Weatherford y Baker Hughes, según El Economista—. Cuando empresas de ese tamaño reducen actividad, el efecto cascada sobre contratistas medianos y pequeños puede ser fuerte, porque muchas PyMEs operan como proveedores especializados (soldadura, instrumentación, logística, renta de equipo, personal técnico) con márgenes que no toleran meses de incertidumbre.
En Lady Factoraje solemos insistir en que el riesgo de concentración (depender de uno o dos clientes grandes) no es un concepto abstracto: se vuelve real cuando el cliente cambia reglas operativas —por ejemplo, si deja de aceptar facturas de un periodo—. Y en sectores intensivos en activos, como servicios petroleros, el costo de “parar” no es cero: el equipo se deprecia, el personal capacitado se va, y reactivar operaciones cuesta más que mantenerlas.
Evolución de la deuda total de Pemex
La deuda de Pemex no es una sola cifra: conviven la deuda financiera (bonos, créditos) y las obligaciones operativas (como cuentas por pagar a proveedores). En este artículo nos concentramos en lo que está documentado sobre proveedores y en algunos hitos de deuda financiera reportados por medios y por la propia empresa.
En cuanto a proveedores, El Economista detalla la trayectoria reciente: al cierre de la primera mitad de 2025 estaba en 430,540 millones de pesos, subió a 436,704 millones en diciembre (el texto lo refiere como “diciembre pasado”), y luego se redujo en 62,370 millones de pesos en seis meses, “gracias al programa de factoraje y la banca de desarrollo”. El mismo medio detalla la trayectoria reciente: al cierre de la primera mitad de 2025 estaba en 430,540 millones de pesos, subió a 436,704 millones en diciembre (el texto lo refiere como “diciembre pasado”), y luego se redujo en 62,370 millones de pesos en seis meses, “gracias al programa de factoraje y la banca de desarrollo”.
Esa secuencia es importante por dos razones:
- Muestra que sí hubo una reducción material en el saldo reportado en 2026, al menos en el rubro de proveedores.
- Confirma que el mecanismo de reducción no fue necesariamente un “pago directo” tradicional, sino un esquema apoyado en factoraje y participación de banca de desarrollo, según El Economista.
En paralelo, sobre deuda financiera, Pemex informó en un boletín corporativo (citado en el reporte de investigación que compila fuentes) que su deuda financiera se ubicó alrededor de 79,000 millones de dólares al cierre del primer trimestre de 2026. Esa cifra también fue retomada por SPR Informa en 2026. Por su parte, Associated Press y Moody’s han manejado cifras distintas según metodología y ajustes, de acuerdo con lo reportado por Spectrum Local News y El Universal en 2026.
¿Por qué importa esta diferencia de metodologías? Porque para el proveedor (y para una PyME) el riesgo no se mide solo por el tamaño de la deuda financiera, sino por la capacidad real de pago en el corto plazo y por la prioridad que se le da a la cadena de suministro. Y ahí, el dato duro de El Economista sobre cuentas por pagar a proveedores sigue siendo alto en términos absolutos, aun con la reducción anual.
Resultados del sistema Onyx en la reducción de deudas
El sistema Onyx aparece como el instrumento operativo que permitió acelerar pagos, pero también como un recordatorio de que “pagar” puede significar varias cosas dependiendo del mecanismo.
Según El Economista, Pemex y el gobierno federal han avanzado en pagos a través del sistema Onyx, descrito como “un esquema de factoraje”, mediante el cual se habría liquidado un total de 191,000 millones de pesos de un adeudo que “superaba los 250,000 millones de pesos”, de acuerdo con lo dicho por Rafael Espino de la Peña (Amespac) en la entrevista.
En términos simples, el factoraje es el descuento o cesión de derechos de cobro: un proveedor convierte una cuenta por cobrar en liquidez antes del vencimiento, normalmente con un costo financiero. En esquemas con participación pública, el objetivo suele ser que el proveedor cobre más rápido y que el pagador (Pemex) ordene su calendario de pagos.
Ahora bien, incluso si Onyx ayudó a reducir un bloque importante de adeudos, la Amespac sostiene que “sigue pendiente 2024 y 2026 se está acumulando”, según la misma nota de El Economista. Es decir: el mecanismo puede estar funcionando para una parte del universo (por ejemplo, facturas 2025 ya reconocidas), pero no resuelve el cuello de botella de los trabajos de 2024 que, según la asociación, no se están dejando facturar.
Desde la perspectiva de gestión de liquidez, esto deja una lección útil para cualquier PyME que facture a grandes corporativos o a gobierno: un programa de factoraje puede mejorar el cobro solo si la factura está aceptada y el derecho de cobro es cedible o descontable. Si el cliente no habilita la facturación o mantiene disputas administrativas, el proveedor se queda sin “activo” financiero que descontar.
También vale subrayar lo que reporta El Economista: la reducción de la deuda a proveedores en 2026 se atribuye al “programa de factoraje y la banca de desarrollo”. Eso sugiere que el alivio de corto plazo depende de la continuidad del esquema y de su capacidad de absorber volumen sin trabas operativas.
Proyecciones de deuda para 2026 y más allá
Hablar de proyecciones en Pemex exige cautela: distintas fuentes usan distintas definiciones de deuda y distintos supuestos de apoyo gubernamental. Aun así, hay señales claras sobre el rumbo y, sobre todo, sobre la dependencia de apoyos externos.
En deuda financiera, Moody’s prevé que Pemex requerirá al menos 10,000 millones de dólares anuales de apoyo del gobierno federal “por 3 años mínimo”, según lo reportado por El Universal en 2026. Esa estimación es relevante porque sugiere que, incluso con reducciones en el saldo, la sostenibilidad depende de transferencias o mecanismos de respaldo.
En la misma línea, El CEO reportó en 2026 una estimación atribuida a Moody’s: que la deuda financiera podría bajar hacia 79,000 millones de dólares para 2027, bajo supuestos de continuidad de apoyo y sin choques operativos mayores. Y El Financiero informó en 2026 que el gobierno federal inyectó más de 100,000 millones de pesos en el primer semestre de 2026, como parte del soporte a Pemex.
Para proveedores, la “proyección” más importante no es un número a 2027, sino la advertencia operativa de la Amespac: “2026 se está acumulando”, según la entrevista citada por El Economista. Si el sistema de pagos se concentra en regularizar 2025 pero deja un rezago de 2024 sin facturación, el riesgo es que el problema se vuelva estructural: se paga lo nuevo para sostener operación, pero lo viejo queda en disputa o fuera del sistema.
En Lady Factoraje lo traducimos así para el dueño o CFO de PyME: si tu cliente grande entra en un ciclo donde “paga lo corriente” pero no reconoce lo atrasado, tu empresa puede sobrevivir mes a mes, pero con una bomba de liquidez en el balance. Y esa bomba no se desactiva con ventas nuevas: se desactiva con reconocimiento documental y calendario de pago.
Análisis de la situación financiera de Pemex y su impacto en las PyMEs
La historia que se dibuja con los datos disponibles es de avances parciales y fricciones persistentes: hay reducción en deuda reportada a proveedores (según El Economista) y hay mecanismos como Onyx que liquidan montos relevantes (según la Amespac), pero también hay un bloque de trabajos de 2024 que, de acuerdo con la asociación, no se reconoce ni se deja facturar.

