Crédito al campo: crecimiento y desafíos hasta 2026

Tabla de contenidos


Crecimiento del crédito al campo enfrenta retos significativos

  • Entre mayo de 2023 y mayo de 2026, el crédito bancario al sector primario creció 10.3%, según datos del Banco de México.
  • Aun con ese avance, el campo representa apenas 3.6% del crédito empresarial total (corte a mayo de 2026).
  • La morosidad del sector primario es de 5.2%, la más alta frente a los sectores secundario y terciario.
  • La extinción de la FND en 2023 dejó un “gran hueco” en el financiamiento al campo, reconoció Hacienda.

Crédito primario: tamaño y riesgo

  • Corte de las cifras: mayo de 2023 vs mayo de 2026 (estadísticas del Banco de México).
  • Tamaño del crédito al sector primario: 133,473 millones de pesos (mayo 2026), equivalente a 3.6% del crédito empresarial.
  • Señal de riesgo: cartera vencida del sector primario en 5.2% (la más alta frente a secundario y terciario), lo que suele influir en criterios y garantías.

Crecimiento del crédito al campo entre 2023 y 2026

Tres años después de la desaparición de la Financiera Nacional de Desarrollo (FND), el crédito que la banca comercial otorga a las empresas del sector primario aumentó entre mayo de 2023 y mayo de 2026. El dato —un crecimiento de 10.3%— proviene de estadísticas del Banco de México (BdeM) y ayuda a dimensionar un cambio relevante: el financiamiento al campo no se detuvo con la liquidación de la institución pública que históricamente atendía ese segmento, pero tampoco se transformó en un salto estructural.

En términos operativos, para cualquier empresa vinculada a agricultura, ganadería o pesca, el crecimiento agregado del crédito sugiere que sí hubo capacidad de colocación por parte de la banca. Sin embargo, el ritmo es moderado si se considera el punto de partida: el sector primario sigue siendo pequeño dentro del universo de crédito empresarial.

El avance también se entiende mejor al mirar el último tramo: tan sólo entre mayo de 2025 y mayo de 2026, el portafolio de financiamiento al sector primario creció 4.5%. Ese incremento anual reciente indica que el crédito continuó expandiéndose incluso después del primer año posterior al decreto de extinción, cuando la discusión pública se centró en el vacío que dejaba la FND.

Para dueños y directores financieros de PyMEs que venden al campo (insumos, maquinaria, servicios logísticos o agroindustriales), este contexto importa por un motivo práctico: cuando el crédito bancario al productor o empresa primaria crece, suele mejorar —al menos marginalmente— su capacidad de pago y su comportamiento de cobranza. Pero el dato agregado no elimina el riesgo: el sector mantiene la morosidad más alta frente a otros sectores, como veremos más adelante.

Interpretar el +10.3% correctamente
Cómo leer el “+10.3%” sin confusiones (con los datos del BdeM):
1) Define los puntos de corte: mayo de 2023 vs mayo de 2026 (mismo mes para evitar estacionalidad).
2) Usa saldos nominales: 133,473 mdp (2026) vs 120,981 mdp (2023).
3) Calcula el cambio: (133,473 − 120,981) / 120,981 = 10.3%.
4) Checkpoint: este crecimiento es nominal (no ajustado por inflación) y es agregado; no indica cuántas empresas accedieron, ni tasas, ni plazos.
5) Checkpoint: el +4.5% (mayo 2025→mayo 2026) es un “zoom” anual que ayuda a ver si el impulso se mantuvo en el último año.

Saldo de la cartera de crédito al sector primario

Al cierre de mayo de 2026, el saldo de la cartera de crédito otorgada al sector primario sumó 133,473 millones de pesos, de acuerdo con el Banco de México. En mayo de 2023 —cuando se decretó la extinción de la FND— el saldo era de 120,981 millones de pesos. La diferencia entre ambos puntos explica el crecimiento de 10.3% en el periodo.

Corte (mayo) Saldo de crédito al sector primario (mdp) Diferencia vs 2023 (mdp) Cambio % vs 2023
2023 120,981
2026 133,473 12,492 10.3%

Este saldo es el “tamaño” del financiamiento bancario vigente hacia el sector primario en ese corte. No es un indicador de cuántas empresas recibieron crédito ni de condiciones (plazos, tasas, garantías), pero sí permite observar la dirección: el crédito aumentó en términos nominales y, por lo tanto, la banca comercial mantuvo exposición al campo.

El dato también ayuda a aterrizar una discusión frecuente en PyME: “¿hay o no hay crédito para el campo?”. La respuesta, con estos números, es que sí existe y crece, pero desde una base relativamente acotada. En la práctica, eso puede traducirse en un mercado donde el crédito está disponible para ciertos perfiles —por ejemplo, quienes pueden ofrecer garantías— y menos accesible para otros.

Aquí conviene recordar cómo define el propio marco estadístico al sector: empresas del sector primario son las relacionadas con actividades como agricultura, ganadería y pesca, entre otras. Es decir, no hablamos sólo del productor agrícola tradicional; también entran otras unidades económicas directamente vinculadas a la extracción/producción primaria.

Para la gestión financiera de una empresa que opera en cadenas agroalimentarias, este saldo es una señal de entorno: si el crédito total al sector es limitado, la competencia por financiamiento puede ser alta y los requisitos más estrictos. En ese escenario, la disciplina de cobranza y la documentación (contratos, facturación, evidencia de entrega) se vuelven todavía más críticas para sostener líneas de crédito o alternativas de liquidez.

Participación del crédito al campo en la cartera empresarial

El crecimiento del saldo no cambia el hecho central: el financiamiento al campo sigue teniendo una participación reducida dentro de la cartera empresarial de los bancos. Según el Banco de México, el crédito al sector primario representa 3.6% del crédito total destinado a compañías (cartera empresarial).

Este porcentaje es clave porque pone el aumento de 10.3% en perspectiva. Un sector puede crecer a doble dígito y aun así seguir siendo marginal dentro del total. Para el operador de PyME, esto se traduce en una realidad cotidiana: el crédito bancario empresarial está concentrado en otros sectores, y el campo compite por atención, cupos de riesgo y estructuras de garantía.

En términos de mecanismo, una participación de 3.6% sugiere que, aun cuando haya bancos activos en el segmento, el “peso” del sector primario en la cartera total es bajo. Eso suele implicar dos cosas:

  1. Sensibilidad a políticas de riesgo: si el sector tiene morosidad alta (como ocurre), los comités de crédito pueden endurecer criterios con rapidez.
  2. Dependencia de garantías: en el momento de la extinción de la FND, los bancos se comprometieron a otorgar más crédito “siempre y cuando hubiera garantías”. Ese condicionante encaja con un sector de baja participación: el crecimiento puede darse, pero con filtros.

Para empresas que venden B2B al campo, este dato también es una alerta de cobranza: si tu cliente depende de crédito bancario para capital de trabajo o ciclo productivo, la disponibilidad puede ser más limitada que en industrias con mayor participación en la cartera empresarial. En la práctica, eso puede reflejarse en plazos de pago más tensos o en necesidad de estructurar mejor el calendario de cobros.

La lectura útil no es “no hay crédito”, sino “el crédito existe, pero el campo sigue siendo pequeño en el portafolio bancario”. Y cuando un segmento es pequeño, cada shock (climático, de precios, de costos) puede tener efectos desproporcionados en la percepción de riesgo del sector.

Interpretar el 3.6% sin alarmas
Qué significa “3.6%” en la práctica (cómo interpretarlo sin sobre-reaccionar):

  • Concentración: el sector primario ocupa una porción pequeña del crédito empresarial; por eso, puede no ser prioridad para todos los bancos.
  • Condiciones: cuando un segmento es pequeño y además tiene morosidad alta, el crecimiento suele venir con filtros (garantías, documentación, historial).
  • Lectura operativa para PyME: úsalo como señal para ajustar tu crédito comercial (límites, anticipos, hitos de pago) y no como prueba de que “ya se resolvió” el financiamiento al campo.

Extinción de la Financiera Nacional de Desarrollo

La Financiera Nacional de Desarrollo (FND) fue extinguida mediante un decreto publicado en mayo de 2023. El argumento del gobierno federal fue que el organismo había dejado de cumplir su objetivo de impulsar el desarrollo rural mediante el otorgamiento de crédito. Entre las razones expuestas estuvieron el deterioro de su situación financiera, el elevado nivel de cartera vencida y pérdidas acumuladas, por lo que se determinó iniciar su proceso de liquidación.

Este episodio es más que un antecedente institucional: explica por qué el crecimiento del crédito bancario al sector primario se analiza “tres años después”. La FND atendía un segmento que, por definición, suele enfrentar barreras de acceso al crédito tradicional: estacionalidad de ingresos, riesgos productivos y, en muchos casos, menor formalidad o menor capacidad de ofrecer garantías.

En el momento del cierre, los bancos se comprometieron con el sector primario a otorgar más crédito, con una condición explícita: que hubiera garantías. Esa frase es importante porque marca el tipo de sustitución que puede ocurrir cuando sale un jugador público: el crédito puede continuar, pero con criterios más bancarizados.

Un año después, la propia Secretaría de Hacienda reconoció que el cierre de la institución dejó “un gran hueco” en el financiamiento al campo. Esa admisión convive con el dato de crecimiento de 10.3% a 2026: ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Puede haber más saldo de crédito bancario y, aun así, existir un hueco para ciertos perfiles (por ejemplo, productores o empresas con menor acceso a garantías o con historial crediticio limitado).

Para una PyME que opera en cadenas del campo, la lección práctica es revisar su exposición: si parte de tu cartera depende de clientes que antes se financiaban con esquemas públicos, el cambio institucional puede modificar su liquidez y su puntualidad de pago. En ese contexto, conviene reforzar políticas de crédito internas, límites por cliente y mecanismos de seguimiento de vencimientos.

Evolución del financiamiento al campo
Mini timeline para ordenar el “antes y después”:

  • Mayo 2023: decreto de extinción de la FND; se argumentan deterioro financiero, cartera vencida elevada y pérdidas acumuladas.
  • 2023–2024: inicia liquidación; la conversación pública se centra en el reemplazo del financiamiento.
  • Compromiso bancario (en el cierre): más crédito al sector primario, condicionado a que hubiera garantías.
  • Un año después: Hacienda reconoce que el cierre dejó “un gran hueco” en el financiamiento al campo.
  • Mayo 2026: el saldo bancario al sector primario es mayor que en mayo 2023 (+10.3%), pero el acceso puede seguir desigual por perfil y garantías.

Cartera vencida en el sector primario

El crecimiento del crédito no elimina el principal foco rojo: la morosidad. De acuerdo con los datos, las empresas del sector primario registran una cartera vencida de 6,974 millones de pesos. En proporción, eso equivale a 5.2% de la cartera total del sector.

En este contexto, cartera vencida se refiere al saldo de créditos con pagos atrasados conforme a la definición estadística del sistema bancario.

Para entenderlo en términos simples: de cada 100 pesos prestados al sector primario, 5.2 pesos están vencidos (no pagados en tiempo, bajo la definición estadística de cartera vencida). Este porcentaje es relevante porque afecta el apetito de riesgo de la banca y, por extensión, las condiciones de acceso al crédito: requisitos, garantías y selectividad.

En la operación diaria, la morosidad alta suele tener dos efectos encadenados:

  • Endurecimiento de originación: más documentación, más validaciones, más exigencia de garantías.
  • Costo indirecto para la cadena: proveedores y prestadores de servicios al campo pueden enfrentar ciclos de cobro más largos si sus clientes están presionados por pagos de deuda o por restricciones de nuevas líneas.

También es importante notar que la cartera vencida no es un dato aislado: fue una de las razones mencionadas para la extinción de la FND (junto con deterioro financiero y pérdidas acumuladas). Es decir, el problema de morosidad no es nuevo; es estructural en el segmento y se traslada, en parte, a quien lo financia.

Para el dueño o CFO de una PyME con clientes del sector primario, este 5.2% no debe leerse como una estadística lejana. Es un recordatorio para ajustar decisiones concretas: condiciones de crédito comercial, anticipos, hitos de entrega contra pago, y monitoreo de concentración (no depender de pocos clientes con riesgo correlacionado).

Lectura accionable del 5.2%
Checklist rápida para leer el 5.2% (y convertirlo en acciones):

  • ¿Qué mide? Proporción de saldo vencido vs saldo total del crédito bancario al sector primario (corte mayo 2026).
  • ¿Qué NO mide? No te dice si tu cliente específico va a caer en mora; es un promedio sectorial.
  • Señal a vigilar #1: si tus clientes piden extensiones de plazo “por temporada” con más frecuencia.
  • Señal a vigilar #2: si aumentan disputas por calidad/entrega (suelen convertirse en atraso de pago).
  • Señal a vigilar #3: concentración: si 2–3 clientes del campo explican gran parte de tus cuentas por cobrar.
  • Checkpoint operativo: si tu DSO real se aleja del plazo pactado, ajusta límites, anticipos o hitos de pago antes de crecer ventas.

Proporción de cartera vencida en comparación con otros sectores

El Banco de México señala que la proporción de cartera vencida del sector primario —5.2%— es la más alta si se compara con la que tienen las empresas del sector secundario o terciario en sus respectivos saldos de financiamiento.

Aunque no se publican aquí los porcentajes exactos de esos otros sectores, el orden relativo es suficiente para una conclusión operativa: el campo es el segmento con mayor presión de morosidad dentro del crédito empresarial bancario. Y cuando un sector lidera en cartera vencida, suele enfrentar un “castigo” en forma de criterios más estrictos.

Sector Proporción de cartera vencida (según lo citado en el texto) Lectura operativa
Primario 5.2% Mayor presión de morosidad; tiende a endurecer criterios y garantías.
Secundario Menor que primario (sin cifra aquí) Menor presión relativa; suele tener acceso menos restringido.
Terciario Menor que primario (sin cifra aquí) Menor presión relativa; suele tener acceso menos restringido.

Para nosotros, en clave de educación financiera para PyME, esto se traduce en una pregunta que conviene hacerse hoy: ¿tu empresa está preparada para operar con clientes cuyo sector tiene el mayor nivel de morosidad relativa? Preparada significa, por ejemplo:

  • Tener contratos y evidencia de entrega claros (para evitar disputas de pago).
  • Medir el comportamiento real de cobranza (DSO, días de cuentas por cobrar: cuántos días en promedio tardas en cobrar tus ventas) y no sólo el plazo pactado.
  • Definir límites de crédito por cliente y por grupo económico.
  • Evitar que el crecimiento de ventas se coma el flujo por acumulación de cuentas por cobrar.

Este punto también ayuda a interpretar el crecimiento del crédito 2023–2026: si el saldo sube, pero el sector mantiene la morosidad más alta, el crecimiento puede estar ocurriendo con cautela y con filtros. En otras palabras, el crédito puede expandirse sin volverse masivo.

En cadenas agroalimentarias, además, el riesgo suele ser compartido: si el productor se atrasa, el proveedor se descapitaliza; si el proveedor se descapitaliza, se rompe la continuidad de suministro. Por eso, la morosidad sectorial no es sólo un indicador bancario: es un termómetro de estrés de liquidez en toda la cadena.

Saldo total de la cartera de financiamiento empresarial

Para dimensionar el tamaño relativo del crédito al campo, hay que mirar el total. Al cierre de mayo de 2026, el saldo total de la cartera de financiamiento al sector empresarial se situó en 3 billones 646,652 millones de pesos, según las estadísticas del Banco de México.

Con ese denominador, el saldo del sector primario (133,473 millones) explica la penetración de 3.6% ya mencionada. Este contraste es el que define el reto: el crédito al campo puede crecer y aun así seguir siendo una fracción pequeña del financiamiento empresarial.

Para una PyME, este dato macro sirve como brújula: el sistema bancario empresarial es grande, pero el campo ocupa un espacio reducido dentro de ese universo. Eso puede influir en prioridades comerciales de los bancos, en especial cuando hay presiones por calidad de cartera. Si el sector primario además presenta la mayor proporción de cartera vencida, el incentivo natural es mantenerlo acotado o crecerlo con condiciones.

En la práctica, esto puede empujar a las empresas del ecosistema agro a profesionalizar su gestión financiera para “parecer” menos riesgosas: mejor información, mejor control de flujo, mejor trazabilidad de ventas y cobros. No porque eso elimine el riesgo productivo del campo, sino porque reduce el riesgo operativo y de información, que es el que más rápido castiga el crédito.

También es un recordatorio de que el financiamiento del campo no se resuelve sólo con que la banca comercial aumente saldo: el tamaño del total empresarial hace que, para mover la aguja de participación, se requieran esfuerzos sostenidos y mecanismos que atiendan el problema de fondo: riesgo y morosidad.

Reflexiones sobre el crédito al campo en 2026

El impacto de la desaparición de la FND

A 2026, el crédito bancario al sector primario muestra crecimiento (10.3% entre mayo de 2023 y mayo de 2026), pero el propio reconocimiento de Hacienda de que el cierre dejó “un gran hueco” ayuda a entender la tensión: el sistema puede estar colocando más saldo y, aun así, no cubrir a todos los perfiles que antes atendía la FND.

La extinción se justificó por deterioro financiero, cartera vencida elevada y pérdidas acumuladas. Eso sugiere que el problema no era sólo de “voluntad de prestar”, sino de sostenibilidad del modelo frente al riesgo. El reto, entonces, es cómo ampliar el acceso sin replicar los mismos incentivos que terminan en morosidad.

Nuevas oportunidades con Agrobanco

En enero de 2026, el Gobierno de Morelos anunció la implementación del programa “Agrobanco”, con inicio de operaciones previsto para febrero de 2026 y un enfoque inicial en la cadena productiva del arroz. Entre sus rasgos se mencionan módulos de atención descentralizados, un esquema de “crédito a la palabra” y líneas especiales, además de un énfasis en cultura financiera y pago oportuno.

Para una PyME que vende al campo en regiones donde existan programas así, el punto práctico es monitorear cómo cambian los patrones de compra y pago de los productores: si el crédito llega más cerca (módulos) y con menos fricción, puede mejorar la continuidad de demanda; pero si el esquema es de confianza, la disciplina de pago será determinante para su permanencia.

Desafíos persistentes en el financiamiento agrícola

Los datos del Banco de México dejan claro el nudo: el sector primario tiene la mayor proporción de cartera vencida (5.2%) y, al mismo tiempo, una participación mínima en el crédito empresarial (3.6%). Esa combinación tiende a perpetuar un círculo: poco crédito porque hay riesgo, y riesgo porque el financiamiento llega con restricciones o no llega a tiempo.

Nuestra lectura, desde Lady Factoraje, es que el avance real para la PyME no está sólo en el saldo agregado, sino en decisiones operativas inmediatas: medir cobranza, documentar ventas, limitar concentración y ajustar condiciones de crédito comercial al riesgo real del cliente.

En concreto, si tu empresa vende al sector primario o a su cadena de suministro, vale la pena revisar hoy: (1) qué porcentaje de tu cartera está expuesto a clientes del campo, (2) qué tan lejos está tu cobranza real del plazo pactado, y (3) qué documentación respalda cada entrega para evitar disputas que se conviertan en atraso.

Decisiones de crédito con equilibrio
Trade-offs que conviene tener claros (para decidir sin autoengañarse):

  • Más acceso a crédito vs más riesgo de mora: crecer colocación puede mejorar actividad, pero si no se acompaña de disciplina de pago y gestión de riesgo, la morosidad tiende a subir.
  • Banca comercial vs esquemas públicos/regionales: la banca suele exigir garantías y trazabilidad; los programas públicos pueden reducir fricción, pero su continuidad depende de diseño, presupuesto y cumplimiento.
  • Crecimiento de ventas al campo vs salud de flujo: vender más con plazos largos puede “inflar” ingresos y al mismo tiempo ahogar caja; el control de DSO y límites por cliente es tan importante como la prospección.
  • Crédito agregado del sector vs tu riesgo real: que el saldo total crezca no significa que tu cliente tenga línea disponible; conviene validar su liquidez y su calendario de pagos.

En Lady Factoraje creemos que el conocimiento financiero claro y sin tecnicismos es la mejor herramienta para que la PyME mexicana crezca con flujo sano.

Las cifras citadas corresponden a cortes específicos (mayo de 2023, 2025 y 2026) según estadísticas públicas del Banco de México y otra información pública disponible. Los porcentajes y saldos pueden variar con nuevas publicaciones, revisiones o actualizaciones. Cuando no se incluyen cifras exactas (p. ej., secundario y terciario), se conserva la comparación relativa tal como aparece en las fuentes públicas al momento de redactar.

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