Tabla de contenidos
- 1. Iniciativa ConEEcta facilitará financiamiento para eficiencia energética
- 2. Objetivos de la iniciativa ConEEcta
- 2.1 Qué se anunció (según La Nación)
- 3. Actores involucrados en el programa
- 4. Proceso de selección y asistencia a empresas
- 4.1 Alcance del programa: derivación a evaluación, no aprobación
- 5. Importancia de la eficiencia energética
- 5.1 Reducción de costos operativos
- 5.2 Fortalecimiento de la competitividad
- 6. Desafíos en el financiamiento de proyectos
- 7. El papel de las instituciones financieras
- 8. Evaluación de proyectos y aprobación de préstamos
- 9. Ahorro energético 2026: Oportunidades y desafíos para las PyMEs
- 9.1 Transformación de ahorros en proyectos financiables
Iniciativa ConEEcta facilitará financiamiento para eficiencia energética
- ConEEcta busca convertir oportunidades de eficiencia energética en proyectos de inversión “financiables”, según La Nación (Paraguay).
- La meta inicial es trabajar con 150 empresas, preseleccionar 80, asistir a 40 y derivar al menos 30 proyectos al sistema financiero para evaluación, según La Nación.
- Participar no implica aprobación automática de un préstamo: los proyectos se derivan para evaluación crediticia, según La Nación.
Objetivos de la iniciativa ConEEcta
Qué se anunció (según La Nación)
La Nación (Paraguay) informó el 22 de septiembre de 2026 sobre la iniciativa ConEEcta – Fábrica de Proyectos de Inversión Financiables, impulsada por la Unión Industrial Paraguaya (UIP), la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
ConEEcta —presentada como una “Fábrica de Proyectos de Inversión Financiables”— nace de un diagnóstico muy concreto: muchas pymes identifican dónde podrían ahorrar energía (modernizar equipos, optimizar procesos, reducir consumos), pero no logran traducir esa intuición en un proyecto con estructura técnica, económica y financiera suficiente para llegar a una mesa de crédito. Esa brecha es el problema que el programa intenta resolver, según informó La Nación (Paraguay) el 22 de septiembre de 2026.
El objetivo central, de acuerdo con La Nación, es convertir oportunidades de eficiencia energética detectadas por pymes paraguayas en proyectos “concretos, estructurados y con mejores condiciones para avanzar hacia el financiamiento”. En términos operativos, esto implica pasar de “sabemos que aquí se nos va la energía” a un expediente que responda preguntas que el sistema financiero suele exigir: qué inversión se requiere, qué ahorro se espera, en qué plazo, con qué riesgos, y cómo se sostiene el repago.
La iniciativa también se plantea como un puente entre tres mundos que normalmente no conversan con el mismo lenguaje: la empresa (que vive el dolor del costo energético), los especialistas técnicos (que pueden cuantificar y diseñar soluciones) y las instituciones financieras (que necesitan criterios comparables para evaluar riesgo y retorno). La Nación reportó que el objetivo final no es únicamente consumir menos energía, sino que las inversiones en modernización y eficiencia se traduzcan en menores costos operativos, mayor productividad y mejores condiciones para crecer.
En Lady Factoraje vemos un punto clave para cualquier pyme que esté pensando en financiar eficiencia energética: el ahorro “prometido” no es lo mismo que el ahorro “demostrable”. ConEEcta, según La Nación, apunta precisamente a elevar la calidad de la información para que el ahorro deje de ser una idea y se convierta en un caso de inversión.
Actores involucrados en el programa
El programa es impulsado por la Unión Industrial Paraguaya (UIP), la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), según La Nación. Esta tríada no es casual: combina representación empresarial, brazo de desarrollo financiero y un organismo multilateral con experiencia en estructuración y asistencia técnica.
Desde el lado empresarial, Enrique Duarte, presidente de la UIP, enmarcó la eficiencia energética como una decisión estratégica de negocio. Según La Nación, Duarte sostuvo que debe entenderse como una herramienta para reducir costos y fortalecer la competitividad. En una frase que resume el enfoque, La Nación citó a Duarte: “La eficiencia energética es una decisión estratégica para reducir costos, liberar capital de trabajo y fortalecer la competitividad industrial”.
Desde el lado del financiamiento de desarrollo, Estela Guillén, presidenta de la AFD, puso el foco en el “gap” entre lo que la empresa necesita y lo que el sistema financiero requiere para financiar. La Nación la citó así: “Tenemos que cerrar esa brecha entre lo que necesita la empresa y lo que necesita el sistema financiero para poder financiarla”. En la práctica, esa brecha suele ser documental (información incompleta), metodológica (supuestos no verificables) y de lenguaje (la pyme habla de “me conviene”, el banco necesita “flujo, riesgo, garantías y capacidad de pago”).
Desde el BID, Alonso Chaverri, representante del organismo en Paraguay, enfatizó el cuello de botella más común: convertir ideas en proyectos financiables. Según La Nación, Chaverri lo resumió así: “El problema es llevar las ideas a proyectos y principalmente a proyectos financiables”.
Además, La Nación reportó que la articulación del programa responde a un escenario de mayor demanda energética asociada al crecimiento económico: a mayor actividad productiva, mayores necesidades de electricidad. Bajo ese contexto, el programa no solo se entiende como ahorro “por ahorro”, sino como una forma de sostener crecimiento con consumo más eficiente.
Proceso de selección y asistencia a empresas
Alcance del programa: derivación a evaluación, no aprobación
Según La Nación, los proyectos que alcancen el nivel requerido serán derivados a instituciones financieras intermediarias para su eventual evaluación crediticia, pero la participación en el programa no implica la aprobación automática de un préstamo.
ConEEcta arranca con un embudo de selección y acompañamiento que busca concentrar recursos técnicos donde haya mayor probabilidad de llegar a financiamiento. Según La Nación, el plan prevé un embudo de selección y asistencia para derivar proyectos al sistema financiero para su evaluación.
Ese diseño es importante por dos razones. La primera: reconoce que no todas las oportunidades de ahorro se convierten en proyectos bancables (financiables) en el corto plazo. La segunda: permite que el programa mida resultados de manera verificable (cuántas empresas entran, cuántas avanzan, cuántos proyectos llegan a evaluación).
De acuerdo con La Nación, el desafío identificado es que las empresas no cuentan con la información técnica, económica y financiera necesaria para transformar oportunidades en proyectos de inversión. En la vida real de una pyme, esto suele verse así: se sabe que un equipo “gasta mucho”, pero no se tiene línea base de consumo; se intuye que un cambio “se paga solo”, pero no hay un cálculo robusto de retorno; se quiere pedir crédito, pero no se puede explicar con claridad cómo el ahorro impacta el flujo de caja.
Y aquí hay un matiz que conviene subrayar: el programa contempla que los proyectos que alcancen el nivel requerido sean derivados a instituciones financieras intermediarias para su eventual evaluación crediticia, pero participar no implica aprobación automática de un préstamo, según La Nación. Es decir: el programa ayuda a “llegar mejor” a la evaluación; no sustituye el análisis de riesgo.
En Lady Factoraje lo traducimos a una decisión práctica para dueños y CFOs: si tu proyecto de eficiencia energética no puede explicarse en términos de inversión, ahorro esperado y capacidad de repago, no es que sea mala idea; es que todavía no está listo para crédito.
Importancia de la eficiencia energética
La eficiencia energética aparece en ConEEcta no como un discurso ambiental abstracto, sino como una palanca empresarial. La Nación reportó que el objetivo final del programa es que las inversiones en modernización y eficiencia se traduzcan en menores costos operativos, mayor productividad y mejores condiciones para crecer.
Además, el contexto macro importa: según La Nación, durante las entrevistas vinculadas a la iniciativa se señaló que el aumento de la actividad productiva implica mayores necesidades de electricidad. Bajo esa lógica, mejorar la eficiencia del consumo se vuelve complementario a ampliar la oferta energética: si la economía crece, la demanda sube; si el consumo es más eficiente, el crecimiento es más sostenible y menos costoso.
Reducción de costos operativos
En una pyme, el costo energético suele comportarse como un “impuesto” operativo: si sube, presiona márgenes; si baja, libera caja. Por eso, la eficiencia energética se vuelve una herramienta financiera, no solo técnica. Según La Nación, Enrique Duarte (UIP) planteó que la eficiencia energética debe entenderse como una herramienta empresarial para reducir costos.
La cita que publicó La Nación es especialmente útil para aterrizar el concepto: “La eficiencia energética es una decisión estratégica para reducir costos, liberar capital de trabajo y fortalecer la competitividad industrial”. El punto de “liberar capital de trabajo” es clave: cuando reduces un gasto recurrente, mejoras tu flujo disponible para operar (inventario, nómina, proveedores) sin necesariamente aumentar ventas.
Desde la perspectiva de financiamiento, un proyecto de eficiencia energética se vuelve más defendible cuando el ahorro esperado se puede conectar con el repago. La Nación explicó que ConEEcta busca precisamente convertir oportunidades en proyectos estructurados, con mejores condiciones para avanzar hacia el financiamiento. En otras palabras: el ahorro no solo debe existir; debe poder demostrarse y modelarse.
Fortalecimiento de la competitividad
Competitividad, en términos empresariales, es la capacidad de sostener precio, calidad y tiempos frente a competidores. Si tu estructura de costos es más eficiente, tienes más margen para resistir shocks (subidas de insumos, variaciones de demanda) o para invertir en productividad.
Según La Nación, Duarte (UIP) vinculó eficiencia energética con competitividad industrial. Y La Nación también reportó que el objetivo final del programa incluye mayor productividad y mejores condiciones para crecer. Esa conexión es directa: modernizar equipos y optimizar procesos no solo reduce consumo; puede mejorar rendimiento, estabilidad operativa y capacidad de producción.
Hay otro ángulo que La Nación puso sobre la mesa: el crecimiento económico aumenta la demanda energética. En ese escenario, la competitividad también se juega en la capacidad de producir más sin que el costo eléctrico crezca al mismo ritmo. La eficiencia, entonces, funciona como “desacople”: crecer sin multiplicar costos.
En Lady Factoraje solemos decirlo así: la eficiencia energética no es un gasto “bonito”; es una inversión que, bien estructurada, puede convertirse en un activo financiero defendible ante un intermediario.
Desafíos en el financiamiento de proyectos
El principal desafío que describe ConEEcta es la distancia entre la oportunidad técnica y el proyecto financiable. La Nación lo planteó con claridad: muchas empresas saben dónde pueden ahorrar energía o modernizar equipos, pero no cuentan con la información técnica, económica y financiera necesaria para transformar esas oportunidades en proyectos de inversión.
Ese vacío de información tiene consecuencias directas en el acceso a crédito. Si no puedes cuantificar el ahorro, el banco no puede incorporarlo con confianza en su evaluación. Si no puedes explicar el CAPEX (inversión) y el cronograma, el riesgo de ejecución sube. Si no hay supuestos verificables, el proyecto se percibe como “optimista” y, por tanto, más riesgoso.
Estela Guillén (AFD) lo expresó como una brecha entre necesidades empresariales y requisitos del sistema financiero. Según La Nación, Guillén dijo: “Tenemos que cerrar esa brecha entre lo que necesita la empresa y lo que necesita el sistema financiero para poder financiarla”. En nuestra experiencia, esa brecha suele incluir:
- Falta de un caso económico entendible (no solo “ahorra”, sino “ahorra X bajo condiciones Y”).
- Falta de estructura financiera (cómo se paga, en qué plazo, con qué sensibilidad).
- Falta de documentación y trazabilidad (qué datos sustentan la línea base y el ahorro).
Otro desafío, reportado por La Nación, es que el programa se inserta en un contexto de mayor demanda energética por crecimiento económico. Eso puede elevar la urgencia de invertir, pero también puede aumentar la presión por ejecutar rápido. Y cuando se ejecuta rápido sin estructura, se cometen errores: compras sin especificación adecuada, expectativas de ahorro no realistas o proyectos que no pasan evaluación.
Finalmente, hay un desafío de expectativas: La Nación subrayó que participar en ConEEcta no implica aprobación automática de un préstamo. Esto es sano, pero obliga a las pymes a entender que el programa es un habilitador, no una garantía.
El papel de las instituciones financieras
ConEEcta está diseñado para conectar a las pymes con el sistema financiero, pero sin saltarse el proceso de evaluación. Según La Nación, los proyectos que alcancen el nivel requerido serán derivados a instituciones financieras intermediarias para su eventual evaluación crediticia.
Aquí el rol de las instituciones financieras es doble. Primero, funcionan como “filtro” de bancabilidad: revisan si el proyecto tiene capacidad de repago, riesgos controlados y estructura suficiente. Segundo, ayudan a convertir un proyecto técnico en un producto financiero: un crédito de inversión, por ejemplo, requiere condiciones, plazos y documentación que no siempre están presentes en una pyme.
La Nación reportó que la AFD destacó el trabajo realizado con entidades financieras para mejorar la evaluación de este tipo de proyectos. Ese punto es relevante: no solo se trata de preparar a la empresa; también de alinear criterios y capacidades del lado financiero para entender proyectos de eficiencia energética, que a veces no encajan en moldes tradicionales.
Alonso Chaverri (BID) puso el énfasis en el paso crítico: llevar ideas a proyectos financiables. Según La Nación, dijo: “El problema es llevar las ideas a proyectos y principalmente a proyectos financiables”. Ese “financiables” es justamente donde el sistema financiero entra con su lógica: comparabilidad, mitigación de riesgo, y evidencia.
Para una pyme, esto se traduce en una pregunta práctica: ¿tu proyecto está listo para ser leído por un analista de crédito? ConEEcta, según La Nación, busca ser el puente entre empresa, especialistas técnicos e instituciones financieras. Pero el puente funciona si ambos extremos se encuentran en un lenguaje común.
En Lady Factoraje creemos que la inclusión financiera real empieza cuando la pyme entiende qué necesita el financiador para decir “sí” o “no” con argumentos, y no por intuición.
Evaluación de proyectos y aprobación de préstamos
El diseño de ConEEcta reconoce que el financiamiento no es automático. La Nación fue explícita: la participación en el programa no implica la aprobación automática de un préstamo. En cambio, los proyectos que alcancen el nivel requerido se derivan al sistema financiero para evaluación.
Esa evaluación, por definición, implica que el proyecto debe sostenerse por sí mismo frente a criterios de riesgo. ConEEcta intenta elevar la calidad del proyecto antes de llegar a esa instancia: convertir oportunidades en iniciativas concretas, estructuradas y con mejores condiciones para avanzar hacia el financiamiento, según La Nación.
Estela Guillén (AFD) enmarcó el reto como “cerrar la brecha” entre empresa y sistema financiero. Según La Nación, su institución trabajó con entidades financieras para mejorar la evaluación de este tipo de proyectos. Esto sugiere un enfoque de ecosistema: no basta con que la pyme “quiera”; el sistema también debe poder evaluar con herramientas adecuadas.
Desde el lado empresarial, el mensaje de Enrique Duarte (UIP) —citado por La Nación— ayuda a entender por qué un banco podría interesarse: si la eficiencia energética reduce costos y libera capital de trabajo, puede mejorar la capacidad de pago. Pero, de nuevo, el punto es demostrarlo.
Y desde el BID, Alonso Chaverri —según La Nación— insistió en el paso de “ideas” a “proyectos financiables”. En evaluación crediticia, esa transición suele depender de la calidad del expediente: supuestos claros, números consistentes y un plan de implementación.
En términos prácticos para una pyme, el aprendizaje es directo: si tu proyecto llega a evaluación con información incompleta, el resultado más probable no es un “no” definitivo, sino un “vuelve cuando lo tengas mejor armado”. ConEEcta busca reducir ese ciclo de ida y vuelta.
Ahorro energético 2026: Oportunidades y desafíos para las PyMEs
Transformación de ahorros en proyectos financiables
ConEEcta pone sobre la mesa una idea que, para nosotros, es aplicable a cualquier pyme de la región: el ahorro energético puede ser un activo financiero, pero solo si se convierte en proyecto. Según La Nación, el programa busca justamente convertir oportunidades de eficiencia energética en proyectos concretos y estructurados, con mejores condiciones para avanzar hacia el financiamiento.
Los números del embudo (150 empresas, 80 preseleccionadas, 40 con asistencia especializada y al menos 30 proyectos derivados al sistema financiero) muestran que el objetivo no es “sensibilizar”, sino producir casos listos para evaluación, según La Nación. Y el hecho de que no haya aprobación automática obliga a mantener disciplina: el proyecto debe sostenerse con evidencia.
La frase de Estela Guillén (AFD), citada

