Pagos digitales y su impacto en la inclusión financiera en México

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Alcance y fuentes: este artículo sintetiza y aterriza para PyMEs los puntos centrales de una columna de Expansión sobre pagos digitales e inclusión financiera, apoyándose en cifras del Banco de México citadas en ese texto (uso de efectivo y métricas de SPEI 2025).

Panorama general

  • El efectivo sigue siendo dominante: 95% de la población objetivo reportó usarlo normalmente, según el Banco de México.
  • México no enfrenta solo un reto tecnológico, sino de coordinación, confianza y adopción, de acuerdo con Expansión.
  • En 2025, el SPEI superó 7,410 millones de transacciones por más de 594 billones de pesos, según Banco de México.
  • La inclusión no se mide solo por “cuentas abiertas”, sino por uso frecuente: pagos, banca móvil y adopción en MiPyMEs, según Expansión.

Uso del efectivo en la población mexicana

Contexto del texto citado: la pieza referida de Expansión está publicada en su canal de Opinión y se atribuye a Carlos Marcel, director general de Kyndryl México.

En México, el efectivo no es un residuo del pasado: sigue siendo la herramienta cotidiana para comprar, cobrar y operar. De acuerdo con datos del Banco de México citados por Expansión, 95% de la población objetivo reportó usar efectivo normalmente. Y las razones importan porque explican por qué “digitalizar” no avanza al ritmo que muchos suponen: practicidad, facilidad, rapidez, aceptación y percepción de seguridad, según el Banco de México.

Nosotros lo vemos con claridad cuando hablamos con dueños y tesorerías de PyME: el efectivo “funciona” porque resuelve fricciones reales. Si un negocio vende tickets pequeños, si su clientela paga en el momento, si no hay certeza de conectividad o si el comerciante teme contracargos o fraudes, el efectivo se vuelve el camino de menor resistencia. Expansión plantea una idea útil para ordenar la conversación: México no tiene un problema de falta de tecnología financiera; tiene un problema de coordinación, confianza y adopción. Esa diferencia cambia el tipo de soluciones que valen la pena.

Esto también obliga a evitar atajos. Expansión sostiene que la respuesta no está en restringir el uso del efectivo, sino en generar condiciones para que las herramientas digitales se consoliden como la opción más atractiva, eficiente y natural. En la práctica, eso significa que la propuesta de valor del pago digital debe ser superior para el usuario y para el comercio: menos fricción, más certeza, más aceptación y mejor experiencia.

Para una PyME, el costo de seguir en efectivo no siempre se ve en el estado de resultados de inmediato, pero existe: menor trazabilidad, más dificultad para demostrar ingresos, y una operación que depende de procesos manuales. Aun así, mientras el efectivo sea percibido como más rápido y más seguro —como reporta el Banco de México—, la adopción digital seguirá siendo desigual, especialmente en transacciones de bajo monto y en comercios pequeños.

Infraestructura de pagos interoperable en México

Pensar los pagos digitales como “infraestructura” ayuda a aterrizar qué falta. Expansión lo explica con una analogía directa: así como una carretera conecta regiones y mercados, una infraestructura de pagos interoperable conecta personas, comercios, bancos, fintechs y gobiernos. La palabra clave es interoperable: que distintos participantes puedan operar sobre rieles comunes, sin obligar al usuario a entrar a un ecosistema cerrado.

En México, esa base existe y es relevante para PyMEs porque define el “costo de coordinación” de cobrar y pagar. Expansión afirma que México ya tiene una base sólida, y el ejemplo más claro es el SPEI (Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios). Es decir: la autopista está en operación y con tráfico creciente.

El punto operativo es el siguiente: cuando la infraestructura es común y confiable, la competencia se mueve a la experiencia del usuario (onboarding, atención, conciliación, herramientas para el comercio) y no a “encerrar” al cliente. Por eso Expansión advierte sobre la fragmentación: México necesita estándares abiertos, interoperabilidad, portabilidad y reglas que permitan que bancos, fintechs y plataformas compitan sobre una infraestructura común, en lugar de construir ecosistemas cerrados.

Para una PyME, interoperabilidad significa menos fricción en cobranza y pagos a proveedores: transferencias más simples, conciliación más clara y menor dependencia de un solo proveedor. También significa que el valor de aceptar pagos digitales crece conforme más clientes pueden pagar de forma compatible, sin importar su banco o su app. En términos de adopción, esa “red” es lo que vuelve natural el cambio: si todos pueden pagar y cobrar sin fricción, el incentivo se alinea.

Crecimiento de las transacciones digitales en 2025

El crecimiento de los pagos digitales en México ya no es una promesa: es un dato. De acuerdo con el Banco de México, el SPEI registró en 2025 un volumen récord de transacciones, según cifras citadas por Expansión. Además, el volumen de operaciones creció cerca de 37% respecto al año anterior, de acuerdo con el Banco de México.

Ese 37% importa por dos razones. La primera es macro: muestra la velocidad con la que los pagos digitales se incorporan a la actividad económica del país, como interpreta Expansión. La segunda es micro y nos toca directamente en PyME: a mayor volumen, más casos de uso reales (pago a proveedores, nómina, cobranza recurrente, pagos de servicios), y más presión competitiva para que comercios y empresas se adapten.

Ahora bien, crecimiento no equivale automáticamente a inclusión. Expansión insiste en que “la capacidad existe” y que “el siguiente salto depende de cómo la utilizamos”. En otras palabras: el país puede procesar pagos digitales a gran escala, pero el reto es que ese crecimiento se traduzca en beneficios para quienes hoy operan fuera o en la periferia del sistema financiero formal.

Para una empresa pequeña, el crecimiento del SPEI puede sentirse lejano si su operación sigue anclada al efectivo. Pero el efecto indirecto es real: clientes y proveedores se acostumbran a pagar digitalmente, y eso cambia expectativas. También abre espacio a procesos más eficientes: menos manejo de efectivo, menos traslados, más control y trazabilidad.

Desde la perspectiva de productividad, Expansión propone entender la reducción de dependencia del efectivo como una estrategia de productividad, inclusión y competitividad. Para PyMEs, esa frase se traduce en decisiones concretas: ¿qué porcentaje de nuestra cobranza puede migrar a transferencias? ¿qué parte de nuestros pagos a proveedores puede automatizarse? ¿qué tan rápido conciliamos y detectamos diferencias?

Importancia del uso frecuente de pagos digitales

Una de las ideas más útiles para no caer en métricas engañosas es separar “acceso” de “uso”. Expansión plantea que debemos dejar de medir la inclusión financiera únicamente por el número de cuentas abiertas, porque tener una cuenta no significa participar plenamente en el sistema financiero. El ejemplo es directo: si una persona recibe recursos y los retira inmediatamente en efectivo, la inclusión sigue siendo limitada, según Expansión.

Para PyMEs, el equivalente es igual de claro: abrir una cuenta empresarial o tener una app bancaria no cambia nada si la cobranza sigue ocurriendo en efectivo y si los pagos se resuelven con retiros y depósitos. La métrica relevante, según Expansión, debe ser el uso: pagos digitales frecuentes, banca móvil, adopción entre MiPyMEs y acceso a crédito, ahorro o seguros a partir de historiales transaccionales.

Aquí hay un mecanismo operativo que conviene subrayar. Cuando el uso es frecuente, se construye un historial transaccional consistente: entradas, salidas, estacionalidad, concentración de clientes, puntualidad de pagos. Ese historial no solo ordena la administración interna; también puede convertirse en evidencia para negociar mejores condiciones financieras, siempre que existan reglas claras y protección de datos, como advierte Expansión.

Además, el uso frecuente reduce fricciones internas: conciliación más rápida, menos efectivo en caja, menos riesgo operativo asociado al manejo físico del dinero. Y, en el día a día, permite decisiones más informadas: si vemos el flujo en tiempo real, podemos ajustar compras, inventario o pagos a proveedores con mayor precisión.

La clave es que la inclusión “real” no ocurre cuando alguien tiene un producto financiero, sino cuando lo integra a su vida económica. Expansión lo resume al poner el foco en el uso. Para nosotros, como asesores financieros de PyME, esa es una brújula: no basta con “activar” un método de cobro; hay que diseñar el proceso para que se use, se repita y se vuelva hábito.

Construcción de perfiles de riesgo a través de transacciones digitales

La oportunidad más potente de los pagos digitales no es solo mover dinero: es generar información útil. Expansión lo plantea así: cada transacción digital genera información que, utilizada con reglas claras, privacidad y supervisión, puede ayudar a construir mejores perfiles de riesgo. En un país donde muchas microempresas no tienen historial crediticio tradicional, ese punto es decisivo.

Para una microempresa sin historial, Expansión señala que el flujo de datos transaccionales puede convertirse en una puerta de entrada al financiamiento. Esto no es magia ni “scoring” opaco por sí mismo: es la posibilidad de demostrar comportamiento económico verificable. Si una empresa cobra digitalmente, paga a proveedores de forma trazable y mantiene patrones estables, eso puede reducir incertidumbre para quien evalúa riesgo.

Expansión también conecta esta idea con productividad y formalización: digitalizar una cobranza no es solo cambiar la forma de pago; puede ser el primer paso para aumentar productividad, formalización y acceso a capital. En términos prácticos, formalización aquí no significa únicamente “darse de alta”; significa operar con registros que permitan tomar decisiones y acceder a productos financieros con menos fricción.

Desde la óptica de PyME, hay un aprendizaje importante: el historial transaccional se construye con consistencia, no con picos. Si un negocio alterna entre efectivo y digital sin un patrón claro, la señal es más débil. En cambio, cuando el cobro digital se vuelve parte del proceso (por ejemplo, para ciertos clientes, montos o canales), la empresa empieza a “existir” mejor para el sistema financiero.

Todo esto exige condiciones: Expansión subraya reglas claras, privacidad y supervisión. Sin confianza en el uso de datos, el incentivo se rompe. Y sin mecanismos de protección, el costo reputacional y operativo de un incidente puede ser alto. Por eso, el debate no es “datos sí o no”, sino “datos con gobernanza”.

Digitalización accesible para todos los usuarios

La inclusión financiera digital se cae si solo funciona para quien ya está conectado, bancarizado y cómodo con apps. Expansión advierte que la digitalización no puede concentrarse en grandes ciudades o usuarios con conectividad constante. Para que sea realmente inclusiva, debe contemplar soluciones simples, accesibles y, cuando sea necesario, de baja tecnología u operación offline.

Esa frase tiene implicaciones directas para el diseño de productos y para la estrategia de adopción en comercios y PyMEs. Si el cobro digital requiere demasiados pasos, señal estable o equipos costosos, se vuelve excluyente. Y si el soporte al usuario es complejo, la primera mala experiencia regresa al efectivo.

Expansión también plantea un estándar de futuro: la infraestructura financiera tendrá que funcionar para todas y todos, no únicamente para quienes ya están digitalizados. En la práctica, eso significa pensar en diversidad de usuarios: personas mayores, negocios familiares, zonas con conectividad irregular, y operaciones donde el tiempo de atención al cliente es crítico.

Para una PyME, “accesible” también significa integrable: que el cobro digital se pueda conciliar, registrar y administrar sin requerir un equipo especializado. Si el dueño o el responsable de caja no entiende el flujo, el método no escala. Por eso, cuando hablamos de adopción, no basta con habilitar un canal; hay que simplificar el proceso completo: cobro, confirmación, devolución (si aplica), conciliación y atención a incidencias.

Finalmente, accesibilidad también es comunicación. Expansión insiste en poner al usuario en el centro. Eso incluye explicar de forma transparente qué pasa si hay un error, cuánto tarda una aclaración, cómo se protege la información y qué hacer ante un incidente. La confianza se construye con diseño, pero también con expectativas claras.

Desafíos en la adopción de pagos digitales

El freno principal no es la ausencia de rieles de pago: es la confianza. Expansión afirma que ninguna transformación será sostenible sin confianza y que la percepción de riesgo digital sigue siendo una barrera real. Por eso, la ciberseguridad no puede ser un componente añadido al final del proceso; debe estar incorporada desde el diseño, junto con protección de datos, mecanismos simples de resolución de disputas, comunicación transparente y capacidades de respuesta ante incidentes, según Expansión.

Para PyMEs, esto se traduce en costos y decisiones operativas. Si un comercio teme fraude o no sabe cómo resolver una disputa, preferirá efectivo. Si un cliente teme que sus datos se filtren, evitará pagar digitalmente. La confianza, entonces, no es un tema “de tecnología”: es un habilitador económico.

Otro desafío es evitar la fragmentación del ecosistema. Expansión advierte que la agenda pública debe evitarla y que México necesita estándares abiertos, interoperabilidad, portabilidad y reglas para competir sobre infraestructura común. Cuando cada actor empuja su propio “jardín cerrado”, el usuario paga el costo: más fricción, más confusión, menos aceptación universal.

También hay un desafío de coordinación: Expansión lo coloca en el centro al decir que el problema es de coordinación, confianza y adopción. Coordinación significa que bancos, fintechs, comercios y gobierno alineen incentivos: que aceptar pagos digitales sea fácil, que usarlo sea conveniente y que resolver problemas sea rápido.

Finalmente, está el reto cultural y de hábitos. El Banco de México reporta que el efectivo se usa por practicidad, facilidad, rapidez, aceptación y percepción de seguridad. Eso no se cambia con campañas abstractas: se cambia cuando el pago digital supera al efectivo en esos mismos atributos, en el punto de venta y en la vida diaria.

Conclusiones

La importancia de la infraestructura de pagos

Vemos un punto de consenso entre datos y experiencia: México ya tiene rieles de pagos con escala, como muestra el SPEI en 2025, según el Banco de México. Pero la inclusión financiera no se completa con infraestructura; se completa con uso frecuente, confianza y reglas que permitan interoperabilidad, como argumenta Expansión. Si el sistema se diseña para ser común, abierto y confiable, la innovación puede escalar y conectarse, en lugar de fragmentarse.

Desafíos y oportunidades para las PyMEs

Para una PyME, migrar parte de su operación a pagos digitales no es solo “modernizarse”: puede ser una forma de volverse visible, trazable y financiable. Expansión subraya que las transacciones digitales pueden ayudar a construir perfiles de riesgo con reglas claras y privacidad, abriendo puertas a financiamiento para negocios sin historial tradicional. Al mismo tiempo, el reto es no dejar a nadie atrás: soluciones simples, accesibles y, cuando haga falta, de baja tecnología u operación offline, como plantea Expansión.

En Lady Factoraje creemos que el conocimiento financiero claro —sin tecnicismos innecesarios— es una herramienta práctica para que la PyME mexicana crezca con flujo sano. En pagos digitales, la pregunta que vale para mañana es concreta: ¿qué parte de tu cobranza y tus pagos puedes digitalizar de forma segura y repetible para construir historial, reducir fricción y ganar opciones de financiamiento?

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