Tabla de contenidos
- 1. El costo de la cobranza tardía para Mipymes
- 2. Costos anuales de la cobranza tardía en México
- 3. Impacto en las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes)
- 4. Retrasos en los pagos: estadísticas clave
- 5. Consecuencias de los pagos atrasados en las empresas
- 6. Dificultades tecnológicas en la cobranza
- 7. Causas de los retrasos en la cobranza
- 8. Estrategias para mejorar la cobranza en Mipymes
El costo de la cobranza tardía para Mipymes
Estas cifras se refieren a estimaciones del costo económico de la cobranza tardía (incluyendo el costo de financiar el retraso), no a cifras oficiales de pérdidas empresariales, según lo reportado por El Cronista.
- La cobranza tardía y las cuentas incobrables cuestan entre MXN$660,000 y MXN$830,000 millones al año al conjunto de empresas en México, según un reporte de BP&A para fluX One citado por El Cronista.
- Para mipymes, el costo anual estimado es de MXN$302,000 a MXN$380,000 millones, de acuerdo con el mismo reporte.
- 7 de cada 10 empresas reportan retrasos de clientes y las facturas vencidas son ~20% del total, según Atradius.
- En B2B, 42.5% enfrenta pagos atrasados con 76 días de demora promedio, según ASEM y EY.
Costos anuales de la cobranza tardía en México
Cuando hablamos de cobranza tardía, no hablamos solo de “molestias administrativas”. Hablamos de un costo económico que se come margen, frena inversión y obliga a financiar —con recursos propios o con deuda— lo que ya se vendió.
Un reporte de investigación elaborado por BP&A para la plataforma de gestión financiera fluX One, citado por El Cronista, estimó que los retrasos en la cobranza y las cuentas incobrables representan un costo anual de entre MXN$660,000 millones y MXN$830,000 millones para el conjunto de las empresas mexicanas. El mismo análisis ubicó el costo anual para micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) entre MXN$302,000 millones y MXN$380,000 millones.
El reporte —según El Cronista— construyó la estimación con información de Atradius (aseguradora de crédito) y del Inegi, y contempló dos componentes:
- Pérdidas por ventas que no llegan a cobrarse (cuentas incobrables).
- Costo de financiar los recursos que la empresa deja de recibir a tiempo (el “hueco” de capital de trabajo).
Un matiz importante: la investigación precisó que se trata de estimaciones del costo económico de la cobranza tardía y no de cifras oficiales de pérdidas empresariales, de acuerdo con El Cronista. Aun así, el rango sirve para dimensionar el tamaño del problema: el costo no está solo en el impago; está en el tiempo.
Para afinar el lente, el mismo reporte citado por El Cronista separó a las pequeñas y medianas empresas (sin micronegocios): su costo anual estimado fue de MXN$196,000 millones a MXN$247,000 millones. En la práctica, esto sugiere que el impacto no se distribuye de forma homogénea: cambia con el tamaño, la estructura administrativa y la capacidad de absorber retrasos.
Impacto en las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes)
En Lady Factoraje vemos la cobranza tardía como un problema de ciclo de efectivo: vendes hoy, entregas hoy, pagas nómina y proveedores hoy… pero cobras en semanas o meses. En términos simples, es el tiempo que pasa entre pagar para operar y recuperar ese dinero vía cobro. Ese desfase no es teórico: se vuelve una presión diaria sobre la operación.
El reporte de BP&A para fluX One citado por El Cronista estimó que el costo anual de la cobranza tardía y cuentas incobrables para mipymes se ubica entre MXN$302,000 millones y MXN$380,000 millones. En términos prácticos, ese costo agregado se traduce en decisiones micro: recortar inventario, frenar contratación, posponer mantenimiento, renegociar con proveedores o “estirar” pagos.
La Radiografía del Emprendimiento en México 2025, elaborada por ASEM y EY (y citada por El Cronista), ayuda a aterrizar el impacto: 42.5% de las empresas que venden a otros negocios enfrentó pagos atrasados, con una demora promedio de 76 días. Además, en el conjunto de empresas encuestadas, los pagos pendientes equivalieron, en promedio, a 22.5% de sus ventas, según ASEM y EY.
Ese 22.5% es una señal potente: no es “una factura aislada”. Es una porción relevante del ingreso que, en lugar de estar disponible para operar, queda atrapada en cuentas por cobrar. Y cuando el capital de trabajo se aprieta, la empresa suele financiarse de la manera más cara: urgencias, improvisación y decisiones reactivas.
Aquí hay otro punto que no se debe perder: el reporte citado por El Cronista incluye tanto el costo de lo incobrable como el costo de financiar lo que se cobra tarde. Para una mipyme, incluso si eventualmente cobra, el daño puede ocurrir antes: por ejemplo, cuando tiene que cubrir gastos operativos sin el flujo esperado.
Retrasos en los pagos: estadísticas clave
Los datos disponibles para 2025–2026 dibujan un patrón consistente: el retraso en pagos es frecuente y suficientemente grande como para afectar decisiones de inversión y liquidez.
El estudio B2B Payment Practices Trends, Mexico 2026 de Atradius, citado por El Cronista, encontró que 7 de cada 10 empresas mexicanas reportaron retrasos en los pagos de sus clientes. Además, identificó que las facturas vencidas representaron, en promedio, una quinta parte del total. Dicho de otro modo: alrededor de 20% de la cartera está fuera de término, lo que incrementa presiones sobre el capital de trabajo, según Atradius.
Por su parte, la Radiografía del Emprendimiento en México 2025 de ASEM y EY, citada por El Cronista, reportó que 42.5% de las empresas con ventas B2B enfrentó pagos atrasados, con una demora promedio de 76 días. Y, en promedio, los pagos pendientes equivalieron a 22.5% de sus ventas, de acuerdo con ASEM y EY.
Estas cifras no son equivalentes entre sí (miden universos y metodologías distintas), pero juntas apuntan a lo mismo: el retraso no es marginal. Es estructural en muchas relaciones B2B. Por eso, conviene leerlas como señales de frecuencia y presión sobre capital de trabajo, no como un “promedio único” del mercado.
En la práctica, cuando una empresa tiene 20% de su cartera vencida (Atradius) y además acumula pendientes equivalentes a 22.5% de ventas (ASEM y EY), el riesgo operativo se vuelve doble:
- Riesgo de liquidez (no hay efectivo para operar).
- Riesgo de contagio (la empresa se atrasa con sus propios proveedores).
Y ese contagio es clave: la cobranza tardía rara vez se queda “encerrada” en el área de cuentas por cobrar. Se filtra a compras, tesorería, nómina y planeación.
Consecuencias de los pagos atrasados en las empresas
Los pagos atrasados no solo “alargan” el ciclo de cobro: cambian el comportamiento financiero de la empresa. Atradius lo midió en su estudio B2B Payment Practices Trends, Mexico 2026, citado por El Cronista.
Según Atradius, 34% de las empresas señaló que el riesgo de impago de sus clientes limitó sus inversiones. Esto es relevante porque conecta la cobranza con el crecimiento: si no puedes confiar en el cobro, reduces CAPEX, frenas expansión o pospones proyectos.
El mismo estudio de Atradius, citado por El Cronista, reportó que 33% de las empresas tuvo una reducción en sus márgenes de liquidez. En lenguaje de operación: menos colchón para absorber shocks (un proveedor que sube precios, una reparación, un pico de demanda).
Y hay un efecto dominó: 32% de las empresas retrasó sus propios pagos a proveedores, según Atradius (vía El Cronista). Esto es el mecanismo por el cual la cobranza tardía se vuelve sistémica: el cliente se atrasa contigo, tú te atrasas con tu proveedor, y el proveedor se vuelve más estricto o sube el costo implícito del crédito comercial.
ASEM y EY también aportan contexto desde su Radiografía del Emprendimiento en México 2025: si los pagos pendientes equivalen a 22.5% de las ventas (citado por El Cronista), la empresa necesita recursos disponibles para cubrir gastos operativos y compromisos financieros. Cuando ese porcentaje se “congela” en cartera, la empresa puede verse forzada a priorizar pagos críticos y dejar otros para después.
En Lady Factoraje lo decimos así: la cobranza tardía no solo afecta el estado de resultados; afecta la capacidad de cumplir. Y cuando cumplir se vuelve incierto, el costo reputacional y comercial también crece, aunque no siempre se mida en una línea contable.
Dificultades tecnológicas en la cobranza
Una parte del problema no es la falta de pagos digitales, sino la falta de gestión alrededor de esos pagos: registro, conciliación y visibilidad del flujo.
El reporte de BP&A para fluX One citado por El Cronista señaló que, pese al crecimiento de los pagos electrónicos en México, persisten desafíos para que las empresas incorporen herramientas tecnológicas que les permitan automatizar su cobranza, conciliar operaciones y conocer oportunamente sus flujos de efectivo.
Los Censos Económicos 2024 del Inegi, citados por El Cronista, dimensionan la base empresarial: México cuenta con aproximadamente 5.47 millones de unidades económicas; 95.4% son micronegocios y alrededor de 4.5% son pequeñas y medianas empresas. En acceso a equipo, la brecha es clara: 22.3% de las microempresas contaba con computadora, frente a 86.2% de las pequeñas y 92.8% de las medianas, según Inegi (vía El Cronista).
Pero el mismo análisis advierte algo que vemos todo el tiempo: tener computadora no equivale a tener sistemas especializados para administrar finanzas, automatizar pagos o dar seguimiento a cuentas por cobrar, de acuerdo con el reporte citado por El Cronista.
Mientras tanto, el volumen de pagos digitales crece. Durante 2025, el SPEI procesó más de 7,300 millones de operaciones, con un crecimiento de 36.8%, según cifras del Banco de México recopiladas en el reporte de BP&A citado por El Cronista. La paradoja es que la velocidad del pago no garantiza eficiencia interna: BP&A subrayó que las empresas también necesitan herramientas para identificar, registrar y conciliar los recursos recibidos.
En sectores donde avance la estrategia gubernamental para reducir el uso de efectivo, el reporte citado por El Cronista anticipa un efecto operativo: más pagos digitales pueden significar más operaciones por conciliar. Si la empresa no fortalece su administración financiera, el “cuello de botella” se mueve: del banco a la oficina.
Causas de los retrasos en la cobranza
No toda cobranza tardía es “mala fe”. Los datos de Atradius ayudan a separar causas operativas de causas financieras.
En el estudio B2B Payment Practices Trends, Mexico 2026 de Atradius, citado por El Cronista, las principales causas reportadas fueron:
- Problemas bancarios: mencionados por 44% de las empresas.
- Dificultades de flujo de efectivo de los clientes: 41%.
- Complejidad de los procesos de pago: 19%.
Que “problemas bancarios” sea el primer factor (44%) es una alerta para tesorería: incluso cuando el cliente quiere pagar, puede haber fricción en la ejecución (errores, rechazos, referencias, tiempos internos). Y cuando el proceso es complejo (19%), el retraso puede ser un subproducto de burocracia: aprobaciones, validaciones, requisitos de documentación o rutas internas de autorización.
El segundo factor (41%) —flujo de efectivo del cliente— es el más delicado, porque conecta con riesgo de crédito: si el cliente no tiene liquidez, el retraso puede volverse recurrente y escalar hacia impago.
En Lady Factoraje lo traducimos a una pregunta operativa: ¿tu empresa está tratando todos los retrasos como si fueran iguales? Porque no lo son. Un retraso por proceso se corrige con estandarización y claridad; un retraso por falta de liquidez del cliente exige límites de crédito, condiciones y, en algunos casos, mecanismos de mitigación.
Y hay un punto adicional del reporte de BP&A citado por El Cronista: aunque crecen las transferencias electrónicas, la administración no necesariamente mejora si no hay herramientas para seguimiento y conciliación. Eso también es causa: no siempre “se atrasan”; a veces se paga y la empresa no lo detecta a tiempo, o no lo aplica correctamente a la factura correspondiente.
Estrategias para mejorar la cobranza en Mipymes
Si el problema es sistémico, la respuesta no puede ser solo “cobrar más fuerte”. Tiene que ser un rediseño del proceso: visibilidad, disciplina y herramientas.
El reporte de BP&A para fluX One citado por El Cronista planteó que incorporar soluciones de gestión financiera es una oportunidad para mejorar procesos de cobranza y reducir dificultades administrativas. También advirtió que la transición a pagos digitales puede aumentar la cantidad de operaciones a registrar y conciliar, por lo que el reto no es solo “recibir” pagos, sino administrarlos.
Desde la evidencia de Atradius (vía El Cronista), hay tres frentes claros para atacar causas:
- Reducir fricción bancaria (44% lo menciona).
- Anticipar problemas de liquidez del cliente (41%).
- Simplificar procesos de pago (19%).
En la práctica, para una mipyme esto se traduce en acciones concretas de operación:
- Estandarizar el proceso de cobro: definir qué se envía, cuándo se recuerda, qué datos bancarios y referencias se usan, y quién es responsable del seguimiento. Si la complejidad del proceso explica parte del retraso (Atradius), simplificarlo es una palanca directa.
- Mejorar conciliación y visibilidad: si el SPEI crece en volumen (Banco de México, citado por El Cronista), la empresa necesita mecanismos para identificar pagos y aplicarlos correctamente. BP&A enfatizó esa necesidad: registrar y conciliar oportunamente.
- Gestión del riesgo de cliente: si el retraso se explica por falta de flujo del cliente (Atradius), la empresa debe ajustar condiciones comerciales para no financiar indefinidamente. No es “castigo”; es supervivencia del capital de trabajo.
- Medir el tamaño del problema en casa: ASEM y EY muestran que los pagos pendientes pueden equivaler a 22.5% de ventas (vía El Cronista). Una empresa puede usar ese dato como espejo: ¿qué porcentaje de ventas está “atrapado” en cuentas por cobrar y cuánto tiempo tarda en liberarse?
En Lady Factoraje creemos que la cobranza sana no es agresiva: es predecible. Y la predictibilidad se construye con procesos claros y administración financiera que acompañe el crecimiento de los pagos digitales.

